"Libertador y maestro son sinónimos": José Vasconcelos sobre la enseñanza

Lunes, 10 de Junio de 2019

El 12 de junio de 1953 José Vasconcelos (1882-1959) leyó su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua para ocupar la silla V. Vasconcelos fue abogado, político, escritor, educador, funcionario público y filósofo, también conocido como “El maestro de América”.

Para recordarlo recuperamos algunas de sus reflexiones sobre la enseñanza:

  • Al decir educación me refiero a una enseñanza directa de parte de los que saben algo, a favor de los que no saben. Me refiero a una enseñanza que sirva para aumentar la capacidad productora de cada mano que trabaja y la potencia de cada cerebro que piensa.
  • Los educadores de nuestra raza deben tener en cuenta que el fin capital de la educación es formar hombres capaces de bastarse a sí mismos y de emplear su energía sobrante en el bien de los demás.
  • La tarea de enseñar con humildad deja en vosotros una aureola, algo como la claridad que se desprende de una lección sencilla que eleva el alma y paso a paso la redime desde la condición pasiva de bestia hasta la altura dolorosa pero magnífica del hombre.
  • La ignorancia es la causa de la injusticia, y la educación, suprema igualitaria, es la mejor aliada de la justicia.
  • Maestro y tirano son dos términos que se excluyen. En cambio, libertador y maestro son sinónimos; por eso los pueblos libres veneran a sus maestros y se preocupan por el adelanto de sus escuelas.
  • Iguales somos todos los maestros. Entre nosotros no hay categorías, sino diferencias, y cada aspecto concurre a su propósito, y todo se suma en armonía de la enseñanza.
  • Maestros son quienes se apresuran a dar sin reserva el buen consejo, el secreto recóndito, cuya conquista acaso ha costado dolor y esfuerzo.
  • Si somos justos; si somos intransigentes con la maldad y enemigos jurados de la mentira; si no transigimos ni con la verdad a medias ni con la justicia incompleta, ni con la fama usurpada, entonces seremos verdaderos y ejemplares maestros.
  • Nada tiene, pues de raro, que hoy que la revolución de verdad ha triunfado, hoy que la justicia y el bien comienzan a abrirse paso, la nación vuelve los ojos a los maestros para pedirles que consoliden la obra tan a dura costa realizada, para pedirles que aseguren su porvenir.

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