Martes, 08 de Febrero de 2022

Ceremonia de ingreso de Jorge Ruiz Dueñas

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Discurso de ingreso:
León Felipe: más allá del exilio

Don Gonzalo Celorio Blasco, director de la Academia Mexicana de la Lengua;

señoras académicas, señores académicos;

señoras y señores:

Si la palabra “perdón” suele evocarla el  imaginario colectivo como el último poema de León Felipe, sea para mí esta noche “gracias”, la primera palabra. Gracias a quienes tuvieron a bien proponer mi candidatura: don Eduardo Lizalde, poeta mayor, decano de nuestras letras; doña Silvia Molina, distinguida narradora y ensayista, como bien afirma, amiga de casi toda la vida; y don Diego Valadés, notable jurista con quien inicié en 1963 la carrera de derecho. Gracias a las señoras y señores miembros numerarios que en su oportunidad me confirieron su confianza para ingresar a tan noble corporación; a don Jaime Labastida Ochoa, director de la Academia al momento de mi elección; a nuestro actual director, don Gonzalo Celorio Blasco, quien ha apoyado mi tarea para llegar a este momento; y a don Roger Bartra por responder mis palabras en torno a León Felipe, un poeta vinculado a los dos en un pasado enigmático. Gracias, por supuesto, también a todos ustedes por acompañarme en tan singular ocasión.

Laudatio

Confieso mi entusiasmo y me honra llegar a ocupar la silla XIII que fuese también de ilustres personajes. En esta sucesión destaca el signo de los tiempos y el principio de libertad de pensamiento de la corporación: don Manuel Orozco y Berra; don Tirso Rafael Córdoba; don Joaquín Baranda y Quijano; don Victoriano Agüeros; don Enrique González Martínez; don Raimundo Sánchez; don Martín Luis Guzmán; y don Ramón Xirau Subías, filósofo y poeta a quien conocí el 1 de agosto de 1967, en la recepción privada ofrecida a Octavio Paz con motivo de su ingreso a El Colegio Nacional.

Aquella noche don Ramón hizo una sabia glosa del discurso pronunciado por el autor de “Piedra de sol”. Esa ocasión fue también el portal para entrar al verbo diáfano y sensorial de Xirau. La palabra que nos remite al mundo mientras el discernimiento filosófico lo acercaba al poema donde las cosas son y el universo se nos entrega mediante experiencias visuales y pensamientos. Así, la luz de los naranjos, las fresas rojas y las velas en el mar, surgen como dones de la contemplación y del conocimiento. Ramón Xirau nos  dejó un silo poético en  su lengua materna, el catalán, y lo apreciamos también en castellano. La poesía fue para él una forma privilegiada de conocimiento del mundo y como filósofo abordó el entramado misterioso entre el verso, el silencio y su significado, y la presencia misma. Don Ramón Xirau Subías a quien rindo el homenaje que su talento y obra merecen, transitó por su exilio de manera luminosa.

León Felipe y el camino

Mi puente literario para cruzar la existencia que también va a dar a la mar, inicia con León Felipe. Estoy de vuelta en manos de mi viejo maestro, en el mismo sitio y con su misma edad al leer el más amargo libro, El ciervo,1 iracundo y herido por la pérdida de su esposa, y me rencuentro así con una gran riqueza ética donde se fortalece mi fe en las letras. Para atravesar mi propio río tengo otra orilla, Álvaro Mutis y varias péndolas y torres. Algunas no sólo arribaron en el mensaje de los libros, sino también acompasadas con la relación fraterna.

Llegué a León Felipe de la mano de don Julio Mayo en septiembre de 1966. Cifraba los veinte años y lo acompañé hasta el final, aquella aciaga madrugada del miércoles 18 de septiembre de 1968 cuando hube de auxiliar al escultor Víctor Trapote Mateo a imprimir su mascarilla funeraria donde quedó el último gesto del Español del éxodo y del llanto. Su cuerpo fue velado justo la noche en que la Universidad Nacional Autónoma de México, nuestra alma mater, era hollada en su autonomía. Hoy pretendo hacer unas reflexiones, presurosas y sinópticas, y he de excusarme de tropezar en ocasiones con el tono personal de los testigos. El azar me permite hacerlo en el recinto donde dio a conocer varios de sus libros y aun bajo la cúpula donde se le rindió homenaje antes de hundirse en el polvo que es la patria de todos.

Recuento

Los grandes poetas no tienen biografía,/ tienen Destino./ Y el Destino no se narra…”,2 aseveró León Felipe. Basten, pues, algunas pinceladas: Felipe Camino Galicia nació un Viernes Santo de 1884 a su entender en el lugar equivocado (Tábara, Zamora). En Almonacid de Zorita en La Alcarria, meditó sobre su existencia y escribió sosegado con libertad polirrítmica su primer libro, Versos y oraciones de caminante. Le da lectura en el Ateneo de Madrid con una introducción donde manifiesta su postura respecto a las escuelas en pugna: los resabios del modernismo y los ultraístas.3

Así construye una estética impregnada de preguntas fundamentales sobre la existencia, la relación con la divinidad, el origen, el sendero y la misión personal. Se propusieron ayudarle con una beca, pero optó por una posición en Guinea Ecuatorial como administrador de hospitales donde hedía la miseria y la explotación. Retorna dos años más tarde con un semestre vacacional y una presea de bronce herrumbrada: la Medalla del Muni, no antes concedida, dado que por allí –así lo expresó el gobernador– no había pasado nunca una persona decente.4 No deseaba volver. Indeciso, en Cádiz compra un billete de tercera clase en el “Cristóbal Colón” rumbo a Veracruz a donde llega en 1923 con 39 años, las señas de una hermana en la capital de México y una recomendación de Alfonso Reyes. También encontró de asueto a Berta Gamboa, profesora mexicana radicada en Nueva York, y se eligieron con acierto. Casarían en Brooklyn con un esmirriado presupuesto para la licencia, el autobús y una cena de cafetería. Federico de Onís intercedió y lo hizo estudiante de la Universidad de Columbia para después impulsarlo como profesor de literatura española a la par que alumno en la Universidad de Cornell. Allá leerá con ahínco, realizará traducciones y publicará el segundo libro de Versos y oraciones de caminante. Seis años más tarde la pareja resolvió regresar a México. Luego vendrían más viajes; la esperanza en la Segunda República Española; su obra Drop a Star;5 la inclusión en antologías; la traición a la legalidad constitucional de España; el episodio de Good by Panamá!,6 donde muestra un arrojo inquebrantable; su entrega a la causa republicana; las pugnas facciosas en la inminente derrota por el fascismo, denunciadas en La insignia;7 y el tornaviaje definitivo a México en 1938 mientras concluía a bordo El payaso de las bofetadas y el pescador de caña,8 cual mascarón de proa del más fértil de los exilios del que aún memoramos sus 80 años.

Aquí mismo resonarían al año siguiente los poemas del Español del éxodo y del llanto. Después aparecerían numerosos poemarios y obras teatrales. Sin olvidar quien era, estuvo en el centro de la diáspora dispuesto, no sólo en aspectos materiales y urgentes, sino también en los proyectos para sostener su vigencia intelectual y la incorporación a las instituciones nacionales: la Casa de España en México, antecedente de El Colegio de México, la revista España Peregrina luego convertida en Cuadernos Americanos, dirigida por Jesús Silva Herzog; la radio cultural y nuestra Universidad Nacional. Además, supo catalizar la efervescencia literaria del Ateneo Español de México.

Estudios sobre su obra

En el ocaso del Caudillo y a pesar de sus vicarios, en España se publicó antes de concluir el año 1975 una antología preparada por Gerardo Diego.9 En relación con el poeta prohibido, no es de sorprender que hasta después se escribiesen allá monografías. El propio León Felipe habló de esa incomunicación en la revista Ínsula.10 Esto se explica por la brecha de la dictadura franquista y su sistemática censura. Esa distancia física y aún emocional hacia su obra abarcó generaciones y no es fácil de colmar.

El tema de la periodización y pertenencia lo abordó muchas veces el propio vate. Contundente fue su respuesta meses antes de morir: “Yo no soy de ninguna generación”.11 Concluida la Guerra Civil Española en un estado de conmoción social, la dinámica del artista fue buscar respuestas, no sólo ser testigo de su tiempo. “León Felipe [pudo] sacrificar la estética en beneficio de la ética”, como afirmó José Manuel Caballero Bonald.12 Nadie como él, se esforzó por reflejar el espíritu de su era.

Al tropezar en el camino con grupos o trazas literarias exigidas como peajes, cabe preguntarse con  Pierre Bourdieu si ese actuar y la crítica destilada no es una forma de dominación, porque no hay tal “espectador imparcial”. Lo desvelado es el prejuicio y el apetito autoritario del poder simbólico de las palabras. La imposición de un canon vale para la literatura como para la esfera pública, pues se pregona una superioridad estética o una superioridad moral.  

Sobre algunas influencias 

Diversos estudios enfocan sus observaciones sobre la obra de León Felipe con base en pretensas influencias directas. El erudito estudia los poemas, los pesa y mide, disecciona los versos y encuentra los huesos de las palabras. Pero, quien busca explicar al poeta pretende desvelar el poder del lenguaje, el mundo y la existencia misma. Tiene razón Juan Frau13 en alertar sobre el reduccionismo, pues, no lleva a hacer una buena lectura del poeta, como ha sido recurrente en la crítica.

Es menester resaltar la presencia de Berta Gamboa, compañera hasta los últimos momentos de las barricadas y del exilio inminente. Berta, de origen poblano, había realizado sus estudios en una escuela evangelista con dominio del inglés. Haberse formado en esa tradición, propició a León Felipe una mirada diferente de las Escrituras. También hay rasgos aún por revelar en su poética, provenientes de la estancia en Cornell. No tenemos una biografía intelectual solvente sobre esos años de iluminación ni de sus posteriores lecturas en México, pero, afloran en su obra y llegó a conclusiones metafísicas sin ser filósofo ni teólogo.

Lo que sí sabemos es su proclividad por la dramaturgia. Lo sabemos en el proscenio o dirigiendo, dispuesto a hablar con la voz de la persōna enmascarada en monólogos inextinguibles. Todo poema de León Felipe admite una puesta en escena. Lo sabemos capaz de dialogar con los muertos y darle un papel al Arcipreste de Hita cual vicario de Dios en representaciones de inútiles reclamos. Conocemos sus trucos de actor viejo. Pero ignoramos si Calderón de la Barca le susurra “la vida es sueño” o es el dubitativo Hamlet quien pregunta si se muere o si se sueña.

Si los ángeles de Rainer Maria Rilke son promotores del viento, los de León Felipe siguen una tradicional tarea de mensajeros. Si el aire es violento, como es frecuente en sus poemas, “el viento furioso es el símbolo de la cólera pura […]”14 según Gaston Bachelard. Pero estas metáforas de un surrealismo precario, tienen un acotamiento y esas fronteras las establece el vate “[…] en el poema [sobre] los territorios casi ya incontrolables del subconsciente, pero por este casi, el poema no es surrealista”.15 Para él, nada más aborrecible que la pérdida de control del poema como escritura automática a la manera de André Breton. Luego Jacques Lacan se preguntó qué permite al poeta adelantarse. El mismo León Felipe describe ese proceso de anticipación,16 mas no funge sólo en los términos de Lacan ni de Rimbaud convertido en un vidente, sino también, pretende  entrar en comunicación con Dios.

Entre los hallazgos de León Felipe está Walt Whitman.17 Con los años abordará la traducción o paráfrasis del Canto a mí mismo, pero, si bien, varios estudiosos insisten en la presencia del autor de  “O Captain! My Captain!” en su obra, Agustí Bartra, como muchos otros, disiente:18

“Como español […] León Felipe heredó de la trágica angustia de Quevedo, de la rabia demoledora y visionaria de Goya y de las imágenes del aquelarre social de Gutiérrez Solana […]. La semejanza, […] es superficial y limitada únicamente a dos coincidencias externas: individualismo como afirmación de libertad y torrencial impulso”.

Las lecturas de León Felipe flotantes en el ambiente intelectual de su época de schollar en la vieja torre Macgraw de Cornell, fueron un caldo de cultivo propicio en una especie de Alejandría americana. La obra de Whitman reforzó su gusto por la poesía en prosa y la espontaneidad de las formas se avenía con su diálogo. Pero, aquél buscaba la fraternidad por medio de la democracia idealizada, mas no tan progresista como para apoyar el voto de los afroamericanos o disentir de la doctrina del “Destino manifiesto”. En cambio, León Felipe defendía la libertad sin burocracias ni partidos políticos, y tuvo empatía por sus semejantes de Guinea. Acaso León Felipe padeció el mismo infortunio de Joseph Conrad al escuchar palpitar en el estuario del río Muni su propio corazón en las tinieblas. Al final, su desilusión sobre la sociedad estadounidense se condensa en este verso: “¡Oh, Walt Whitman! Tu palabra happiness la ha borrado mi llanto”.19 León Felipe, pues, no es un espejo de Whitman. En León Felipe  la virtud no lleva siempre a la felicidad. La búsqueda de las raíces del poeta de América lo condujo a Nature, ensayo central de Emerson que no suena distante de León Felipe, pero desde la perspectiva del pesimismo histórico donde la voluntad ha de imponerse a la adversidad de una divinidad indiferente. Por lo demás, una mirada superficial permite, al menos, abrir ventanas por donde se asoman Nietzsche, Kierkegaard, Emerson, su trascendentalismo y aun el unanimismo. Las lecturas de la obra de  Soren Kierkegaard entre los muros de la Universidad de Cornell –merced a los guiños de Unamuno y Machado– reforzaron su convicción contra la burocracia eclesiástica franquista y el Vaticano, indiferente a los desastres de la guerra y el genocidio nazi.

Por otra parte, una vez en México no hay evidencia sobre el interés de León Felipe en el unanimismo de Jules Romains. Pero es notable la cercanía a una especie de conciencia colectiva. “La coincidencia –afirma Marc Bloch– es una extravagancia que no se deja eliminar de la historia”.20

La otredad y lo insondable

Tras bambalinas, León Felipe siempre estuvo construyendo su concepción del yo y los otros. Entendiéndolos mejor se entendía a sí mismo y se persuadía del drama del destino inasible. Su noción de otredad aparecía como una voz interna y diversa a la vez, donde se condensan las interrogantes y la exploración de su espacio interior. Pero también, en comunión con los otros se alza ante los cainitas repitiendo el gesto trágico de Sófocles y Esquilo a partir del paradigma de una justicia quijotesca.

León Felipe no habla con la naturaleza. Su origen religioso y su obra no le permiten ser ateo, mas, abomina a la clerecía conspiradora e invasiva. En apariencia, su existencia adulta oscila entre el teísmo y el deísmo. Es decir, entre creer en la existencia de un dios personal, con voluntad e intención; o en la existencia de un dios impersonal, amoral e indiferente, causa del universo. En la madurez poética de León Felipe es la otredad la que afirma su concepción deísta y en algunos versos dice ir hacia al infierno. Esa temporada bien ganada según el dictum de Rimbaud, confirma una oscilación teísta-deísta. 21 Primero, una aceptación sin cortapisas de la transustanciación, la ingesta de la divinidad, pero sólo para añadir a renglón seguido sus llamadas blasfemias. Los segundos versos luciferinos llevan una antítesis. Por lo demás, inicia en singular y concluye con un plural donde tiene cabida la humanidad, porque, la otredad es la esencia adonde arriba su poesía. Algunas lecturas distraídas no se percatan de cómo al final de los tiempos, en su verso la parusía no es de Cristo sino del hombre… Vale agregar un argumento final de Rocinante.22 En ese libro el sentido platónico del demiurgo a la manera de creador y ordenador universal, y el hegeliano con el pensamiento como principio supremo, le lleva en su obra póstuma a reafirmar la posición deísta. Por lo demás, nada resume mejor cierta otredad poética que estas líneas: “Les contaré mi vida a los hombres para que ellos me digan quién soy […] “Quiero decir quién soy23 para que tú me respondas quién eres”.24

Definirse sobre esta dualidad, nunca es un tema trivial. Al ser entrevistado Octavio Paz por Carlos Castillo Peraza, sobre si se consideraba hombre de fe, respondió: “No lo sé. Mentiría si digo que lo sé”.25 Similares cuestiones fueron planteadas veinticuatro años antes a León Felipe y así respondió: “En mis versos traté de formular preguntas […]. Soy un cristiano sin Dios, un materialista sin profeta”.26

Otros temas no advertidos

En la poesía de León Felipe es frecuente su referencia a los ciclos. El barro se amasa de nuevo y es templado en el fuego. Así, en su gira de dos años por Hispanoamérica (1946-1948) escribió “Credo”. De manera extraña, no se han advertido en este poema elementos ajenos a la modernidad occidental:27

“[…] ¿no es cierto que volvemos a nacer?/ ¿No es cierto que de alguna manera volvemos a nacer?/ Creo que Dios nos da siempre otra vida,/ otras vidas nuevas,/ otros cuerpos con otras herramientas,/ con otros instrumentos… Otras cajas sonoras/ donde el alma inmortal y viajera se mueva mejor/ para ir corrigiendo lentamente,/ muy lentamente, al través de los siglos […]”.

En efecto, en el hinduismo se encuentra la idea de que el alma atrapada en un cuerpo vuelve a renacer (samsara) y así se logra la moksha, estado de liberación después de diversos ciclos de muerte y renacimiento. León Felipe había encontrado ya en Emerson estas ideas –quien llegó a tal metempsicosis por el orientalista Max Müller–, pero la fuente más feraz fue su relación con el hispanista Waldo Frank, quien tenía inclinaciones hacia el misticismo y las religiones orientales.

Bien afirmó Octavio Paz: “Cada poeta inventa su propia mitología y cada una de esas mitologías es una mezcla de creencias dispares, mitos desenterrados y obsesiones personales”.28 En ocasiones los poetas coinciden y este es el caso de la “religión de las estrellas”, mencionada por Guillermo Sheridan.29 Como en la antigüedad, el destino está escrito en la bóveda celeste. León Felipe advierte: “Estrellas,/ sólo estrellas,/ estrellas dictadoras nos gobiernan”.30 Una intertextualidad con su admirado Shakespeare en El rey Lear. Se trata de cierto parlamento del conde de Kent en el que encontró un mensaje toral.31 Paz, por su parte, dice en su célebre poema “Hermandad”, homenaje al astrónomo Ptolomeo a partir también de otra intertextualidad: “[…] las estrellas escriben./ Sin entender comprendo:/ también soy escritura/ y en este mismo instante/ alguien me deletrea”.32 León Felipe igualmente había publicado en 1943: “[…] tengo ya cien mil años y mi nombre en el cielo se escribe con lápiz”.33 De Ptolomeo a Shakespeare y de León Felipe a Paz, hay un movimiento perpetuo y una lectura del destino en la que el hombre es protagonista insignificante en un tiempo sin final que lo devora o fluye en una atemporalidad cósmica. Empero, lo insoluble para nuestro poeta desde la perspectiva religiosa, es la conciliación entre el libre albedrío y la predestinación. Entre la libertad del hombre y la omnisciencia de un Creador.

Poesía comunal y obra abierta

León Felipe maduró su concepción de la palabra. Busca primero su nombre. Pero, por el tejedor de versos hablan todos. Y este peregrino del idioma desea un solo y gran poema agonista:34 “Todas las lenguas en un salmo único […].”

En su vida también hizo traducciones para regocijarse con la poética de otros. Así se fundía con el isabelino como gente de teatro que ambos fueron. Pero, fue la traducción en 1941 de El canto a mí mismo la causa de una polémica. La crítica acre vino de Jorge Luis Borges35 quien publicó su propia versión hasta 1969. Sobre el asunto algunos ya han dicho: “León Felipe es muy buen poeta para ser un fiel traductor. Los auténticos poetas hacen vivir todo lo que tocan”.36 Pero en Ganarás la luz, él saldrá al paso:37

“Lo que hago con el libro de Jonás y con el libro de Job lo hago también con el de Whitman si se le antoja al Viento […] (En la crónica temporal lo esencial es la palabra que nadie debe trastornar; en la crónica poética o en el versículo sagrado lo esencial es el espíritu que yo no cambio nunca aunque modifique las palabras y quiebre la forma). Los Cantos 44 y 45 de Song of Myself están contenidos ya en el Capítulo VIII de los Proverbios. Yo no sé si Whitman lo sabía. Los scholars dirán que casi es una paráfrasis. […] ahora mismo, al volver a leerlos, ya no sé si son de la Biblia, de Whitman o míos. (Míos quiere decir del embudo y el Viento)”.

Para mitigar el ardor de los estetas de la literalidad, deben recordarse experiencias remontadas al grupo de Jena en torno a la revista fundacional Athenaeum (1798) del romanticismo alemán temprano, impulsada por los hermanos Schlegel y la participación de Novalis, denominadas comunismo literario. Así mismo, la revista experimental de Walter Benjamin y el proyecto de (Maurice) Blanchot (Revue internationale).38

Otros ejemplos de la polifonía literaria comunal frecuentada por León Felipe, nos permite confirmarlos el estudio de Mario Castro Arenas al referir tres versiones de El rey Lear con siglos de distancia y diversidad idiomática:39 la recopilación historiográfica de la General e Grand Estoria de Alfonso X el Sabio (s.XIII), King Lear de William Shakespeare (1606) y la novela Le père Goriot de Honoré de Balzac (1834) a partir de una fuente: Historia Regun Britanniae de Geoffrey de Monmouth, escrita c. 1136.

El sentido de justicia en León Felipe

No se puede entender la andadura de León Felipe, su canto compartido, su voz comunal, sin comprender el espíritu de justicia profesado. Para llegar al punto son idóneas las palabras de Jorge Cuesta a raíz de la aparición del Español del éxodo y del llanto:40 “[La de León Felipe es] una poesía dictada por la pasión […] –una pasión moral, una pasión por la justicia–, tan sincera y tan individual que no es posible confundirla con la pasión colectiva de un hombre de partido”.

Desde God by, Panamá! expresó León Felipe su indignación por la tragedia de España. A partir del primer momento está decidido a ayudar a los demás pero no a salir del frente de Madrid. A la pregunta responde como siempre: “No señor, yo no soy del partido ni soy de ningún partido. No lo he sido nunca y creo que no lo seré jamás”.41 Ya en Valencia, se percata de cómo las múltiples facciones son un factor adicional a la desproporcionada batalla contra el fascismo. De ahí surge el reclamo en La insignia leída con grandes riesgos en Barcelona el 28 de marzo de 1937,42 en un cine desbordado por alrededor de cuatro mil combatientes, aunque ya era tarde…

En una entrevista de Emmanuel Carballo al decirle a León Felipe:43 “Se ha dicho que usted es un anarquista”, contestó refiriéndose al episodio de La insignia con un dejo desesperanzador: “Los anarquistas aprovecharon uno de mis poemas, nada más […]. No soy nada, y no soy nadie.” León Felipe estuvo con la justicia, no con los partidos. Bien dijo Gabriel Celaya: “León Felipe tuvo el sentido de la realidad que a ciertos poetas del realismo socialista les faltaba”.44 Como a Paz, no le gustó el dogma de ese tipo de socialismo ni la estética de la poesía pura. Fue un poeta antipolíticos y anticlerical. Un humanista.

En la pérdida de la inocencia del hombre y la incertidumbre sobre todo lo creado, encuentro ciertas semejanzas de León Felipe con Giuseppe Ungaretti (Il dolore, 1947). Pero, con Yevgueni Yevtushenko, el poeta siberiano que le visitó en 1968 tuvo varias coincidencias y a Yevtushenko le gustaría recordarlas en 1997 con Gabriel García Márquez. El punto de mayor conexión entre ellos era la causa hebrea. El célebre “Babi Yar” rememora el asesinato en un barranco cerca de Kiev de más de treinta y cinco mil judíos, a manos de los nazis durante dos días en 1941,45 tal como León Felipe se duele del Holocausto y llama: “A todos los judíos del mundo, mis amigos, mis hermanos”.46 Los dos ven en Ana Frank un símbolo de esa catástrofe y en ella la humanidad entera. De Guernica a Auschwitz hay un arco de infamia histórica y esto los perturbaba.

El más mexicano de los poetas españoles

León Felipe mostró siempre una gran capacidad de adaptación.47 Describía esta capital como un sitio donde era posible vivir sin menoscabo de la dignidad:48 “Vine aquí casi como el primer heraldo de este éxodo […] / Después, México me dio más: amor y hogar. Una mujer y una casa.” Pero, para saber cómo ha penetrado en el alma del hombre y el poeta la tierra de adopción, es necesario escucharlo decir de manera expresa. En la conferencia dictada en 1955 en honor del poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, León Felipe, el más mexicano de los poetas españoles no tuvo ambages en definirse:49

“No quiero ser un extranjero ni un intruso en este coro. No llevo en los bolsillos una cédula que justifique mi nacimiento en tierra americana, pero que me saquen la sangre y si no tiene el sabor ancestral y actual del viento aquilino de esta meseta, que me quemen los pies como a Cuauhtémoc. […] El viento, el verbo, vale tanto como la tierra por lo menos… No discutamos sobre el valor de nuestra carne indisoluble que está hecha de los dos. Mestizo soy como mexicano el de mañana… Mestizos somos todos por la fuerza del viento y por el milagro del amor…”

Poesía perseguida y homenajeada

Muerto Franco y en supuesta marcha hacia la democracia, se obstaculizaron diversos actos en honor al poeta. El País en su edición del 4 de mayo de 1976 publicó las cuartillas enviadas por Rafael Alberti desde su exilio en Roma para ser leídas en un homenaje a León Felipe que se prohibió celebrar en Madrid el 27 de abril.50 El mismo periódico en su edición del viernes 5 de noviembre de 1976 da cuenta de una adaptación del grupo teatral independiente La Guadaña, de Alicante. Diez minutos antes del final los organizadores lo dieron por concluido.51 Otro homenaje preparado por el Club de Amigos de la UNESCO y previsto para el 14 de marzo de 1977, hubo de ser notificado a la autoridad. Dos días antes un telefonema anunciaba la negativa del Gobernador Civil para el acto previsto en el Teatro Monumental de Madrid. Más de cuarenta personalidades le enviaron un telegrama solicitando reconsiderara. El ministro del Interior (entonces de Gobernación), Rodolfo Martín Villa, de falangista pasó a demócrata súbito e informó hasta el 10 de abril de la autorización del homenaje al “Insigne Poeta” (sic) para ser realizado con posterioridad.52

Sin embargo, la selección de obras del poeta prologada por Gerardo Diego ya aludida, inició el levantamiento del veto editorial en 1975 previo expurgo de un poema sobre Grimau.53 Hasta la fecha, éste parece ser motivo de autocensura en la editorial ocupada de su obra completa en España. Aunque suelen olvidarlo en las listas de prohibidos por el franquismo, ya se ha develado un monumento en su honor en Tábara, Zamora y le hacen homenajes de museo.

Apenas iniciado el 18 de septiembre de 1968 en el Pabellón Covadonga del Sanatorio Español de la Ciudad de México murió León Felipe. Al día siguiente tuvo lugar un homenaje oficial en este Palacio de Bellas Artes presidido por Agustín Yáñez, entonces secretario de Educación, quien lo acompañó hasta cubrir la tierra su féretro en el Panteón Español al lado de Berta. El primer homenaje posterior a las exequias lo organizó el Ateneo Español de México el lunes 9 de diciembre de ese año.54 A partir de entonces se publicaron en su memoria diversos artículos y ensayos en donde fue posible, como en la revista Ínsula, si bien, los estudios de mayor calado de letrados peninsulares hubieron de esperar. En 1974 con motivo del aniversario del natalicio de León Felipe, se develó una estatua en el Bosque de Chapultepec. En el acto participaron diversas organizaciones, entre ellas, esta Academia Mexicana de la Lengua, con la presencia y mensajes de adhesión de grandes figuras de la literatura. Fue, quizás, el primer gran encuentro de intelectuales con diversas filiaciones ideológicas en torno a este bardo entrañable, pero, sobre todo, de España y del exilio. León Felipe mantenía correspondencia afectuosa con muchos escritores y poetas del interior, como Camilo José Cela y Gabriel Celaya. Por ello, se había dolido de un poema escrito al calor de los hechos sangrientos, donde decía que los exiliados se habían llevado la canción y el salmo. Pero esto, no a favor de las figuras de la Santa Cruzada, sino para terciar en una inconsecuente disputa contra los intelectuales que permanecieron o retornaron a España, dirimida entre los poetas del interior y los del exilio al asumir de aquellos lo peor. Lo anterior se resume en las palabras de Gabriel Celaya:55 “Tuvo el amor y la paciencia de leernos. Tuvo fe en sus compatriotas del interior que le llevó a conocerlos de verdad, en lugar de fulminarlos desde el Olimpo del exilio”.

León Felipe: un poeta humanista

El gran hispanista francés Claude Couffon acertó en encuadrar la personalidad de León Felipe como “explorador de la tragedia humana en tiempos de crisis”.56 Lo importante es el hombre con su carga de pesares y dudas para hacer los grandes “transbordos” de la historia y acometer los magnos sucesos. Para Ermilo Abreu Gómez: “En la voz de León Felipe se descubrirán las voces de los hombres de buena voluntad”.57 Y esa construcción del poema inacabado, el ser humano mismo, le permite verse en los otros y ser otro, denostar al dios impersonal o propio e increparlo a sabiendas de su indiferencia. Al final, se trata del ininterrumpido clamor del poeta por el humanismo no centrado en las culturas sino en la civilización humana.

Estamos ante un poeta del humanismo trágico, según la acepción de André Malraux.58 No es utópico, porque es consciente de la naturaleza humana y de la presencia cainita. La noticia del asalto y muerte de un niño jorobado le estremece59 y reinicia la aventura del verbo. Antes, durante su gira de dos años (1946-1948) por Hispanoamérica solicitó al gobernador de Zulia visitar cierto leprosario. Se quedó diez días a la ida y otros tantos al regreso.60 Así lo dice:61 “Estuve en un leprosario / (junto al lago petrolífero y sofocante de Maracaibo). / Me senté a la misma mesa con los leprosos. / Y un día, al despedirme, / Les di la mano a todos, / Sin guantelete, como el Cid… / No tenía otra cosa que darles”. En Perú, ya en su retorno, entregó como donativo para la beneficencia todos sus ahorros. Estos rasgos, llevaron a Gerardo Diego a escribir a su muerte:62 “No podría juzgar la poesía de León Felipe. Sólo quererla, abrazarla. Para mí, antes que todo, es no una obra sino un hombre.”

Todos los poetas somos forja de nuestras circunstancias. Lo importante es encontrar en el poema un balance entre la estética y la ética, la reclamada por nuestro momento histórico. Como los rezos de todas las religiones dichos en voz alta para elevarlas hacia su ideal superior en esa paloma que indaga entre las linternas de los domos, León Felipe insistió en una vaga fe cristiana después de reconocerse en Edipo, en Fausto, en Prometeo, en el gusano, en el lagarto, en los profetas y en los mendigos, en el fuego y en el viento.

León Felipe quería hablar con Dios para hablar con el hombre y entender el mundo como lo hacen los locos y no los filósofos. Su concepto de límite no era físico sino espiritual. Su rezo es la transgresión, la ira, la alegoría, la parábola. Barro y arcilla son metáforas de finitud e imperfección. El poeta duda, se pregunta, dice las cosas que a uno le pasan y en uno se refleja la vida de todos. Aspiraba a la perfección imposible del mundo más allá de la finitud humana mediante la metamorfosis del hombre larvario. Es verdad, el lenguaje, el instrumento del poeta, no es siempre racional: es emocional, es mágico, insondable. Esa era su fórmula de Prometeo. La sugerencia de una mutación de carácter moral. Por ello, al final de su existencia, el asceta quiere estar en armonía con el mundo, ha pedido perdón y se retira como el actor al pronunciar el último parlamento de su drama personal. Si habla de llorar, no es el caso de un acto lacrimoso. Y esa “[…] secreción humana carnal, / amarga/ y metafísica”,63 es un dolor existencial en busca de la enigmática transparencia. Sufrir es redimirse. No hay iluminación sin fuego, es cierto. León Felipe lo sabía, pero, también que todas las lágrimas del mundo caben en una gota donde emana la luz. Si como dijo el Señor del viento: “Un poema es un testamento […]”,64 la metáfora de la vida, el poema abierto y comunal, la ardentía épica, serán siempre válidos para defender la esencia humana ante el poder aberrante. Por eso mismo la cruz de su amigo el carpintero no lleva una efigie. Nunca, con su voz de varias escalas dejó de decir: “¡no preguntes quien falta aquí, di falto yo y te pones tú!” Apropiémonos de su heredad esta noche mientras se sonrojan las hojas de octubre para volver como él en el corcel del Viento:

“Voy con las riendas tensas
y refrenando el vuelo,
porque no es lo que importa llegar pronto ni solo,
sino llegar con todos y a tiempo”.

                                                                                                               Jorge Ruiz Dueñas

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Nota bene: Se ha mantenido la ortografía de los textos citados. Se advierte que dadas las variantes propias de León Felipe, se citan en lo posible las versiones más recientes de su obra editadas en México y no las Obras completas (que no lo son) publicadas por Losada, Buenos Aires, 1963, con prólogo de Guillermo de Torre.

1 Algunos poemas de El ciervo fueron leídos en el Palacio de Bellas Artes el 5 de octubre  de 1956.  La edición con prólogo de Juan Rejano y 49 ilustraciones de amplio formato (31 cm) la publicó Editorial Grijalbo, México, 1958 (131 pp.)

2 Prólogo y paráfrasis de León Felipe al Canto a mí mismo de Walt Whitman, segunda edición, Colección   Málaga, México, 1973, p. 17.

Versos y oraciones de caminante, Colección Málaga, Tercera edición, México, 1973, p. 14. En esta edición se incorporan los dos libros que llevaron el mismo nombre identificados de manera adecuada. El primero publicado en Madrid, y el segundo en Nueva York.

Luis Rius, León Felipe, poeta de barro, Colección Málaga, México, 1968, p. 128.

5 Este libro puede encontrarse incluido en el volumen correspondiente a Versos y oraciones de caminante, ya citado, en las pp. 71-85.

6 Como le fue negada la lectura de su texto en la radio a pesar de ser el agregado cultural de la Embajada de España en Panamá, éste se publicó pronto en el Repertorio Americano, revista cultural quincenal publicada en San José, Costa Rica por Joaquín García Monge el 5 de octubre de 1936. El texto correspondiente puede encontrarse incluido en La insignia, Colección Málaga, México, 1973.

Loc. cit.

8 Se encuentra publicado como El payaso de las bofetadas, Colección Málaga, México, 1971.

9 León Felipe. Obra poética escogida, Prólogo y selección al cuidado de Gerardo Diego, Espasa Calpe, Madrid, 1975.

10 María Embeita, “Entrevista con León Felipe” en  Ínsula, XXIII, No 254, enero 1968, p.13.

11 Ibid., p.12.

12 Citado por Ma. Teresa Puche Gutiérrez, León Felipe sincrónico y anacrónico. Un estudio de literatura  comparada, tesis doctoral, Universidad de Granada, Granada, 2009, p. 224, en https://hera.ugr.es/tesisugr/18157968.pdf (consultado el 1 de febrero de 2019).

13 Juan Frau, La teoría literaria de León Felipe, EUS, Sevilla, 2002.

14 Gaston Bachelard, El aire y los sueños, FCE, México, 1997, p. 278.

15 Ganarás la luz, Colección Málaga, México, 1967, p. 67.

16 Véase Español del éxodo y del llanto, Colección Málaga, México, 1973, p. 11.

17 Esto coincide con la opinión de Octavio Paz sobre la introducción del poeta a la literatura inglesa y estadounidense por mediación de Berta, y resulta acorde con comentarios del poeta a varios lustros de distancia, sin descartar las posibles orientaciones de Federico de Onís.

18 Agustí Bartra, “Homenaje a León Felipe” en Litoral, No. 67-69, 1976-1977,  Málaga, pp. 179-181. Esto también lo hace notar Puche Gutiérrez, op. cit. p. 59.

19 Ganarás la luz, op. cit., p. 36.

20 Marc Bloch, Apología para la historia o el oficio de historiador, FCE, segunda edición, México, 2001, p. 129.

21 Véase Ganarás la luz, op. cit., pp. 110-112.

22 Rocinante, Finisterre, México, 1969.

23 Ganarás la luz, op. cit., p. 10.

24 Ibid., p. 16.

25 Véase Octavio Paz, op. cit., T. 15, pp. 226-231.

26 Adolfo Castañón, “Los acentos y los pasos de León Felipe por La Casa de España y El Colegio de México (Archivo y Memoria)” en León Felipe en La Casa de España y El Colegio de México, Colmex, México, 2008, p. LXV.

27 León Felipe. Obra poética escogidaop. cit. pp. 291-293.

28 Octavio Paz, op. cit. T. 1, p. 371.

29 Guillermo Sheridan, “Deletrear estrellas” en Letras Libres, 09 febrero 2014, https://www.letraslibres.com/mexico-espana/deletrear-estrellas (consultado el 23 de junio de 2019).

30 El payaso de las bofetadas, op. cit., p. 24.

31 The Complete Works of William Shakespeare, “King Lear”, Act. IV, Scene III (London and Glasgow: Collins’ Clear-Type Press, 1923), p. 1053.

32 Octavio Paz, op. cit., T. 12, p. 112. Árbol adentro contiene el poema y fue publicado primero por Seix Barral en 1987. El poema tuvo una modificación en las obras completas citadas (“poco duro”, del primer verso, paso a “duro poco”). El texto de Ptolomeo dice: “Soy mortal y sé que nací para un día. Pero cuando sigo a mi capricho la apretada multitud de las estrellas en su curso circular, mis pies ya no tocan la Tierra me elevo a la par del mismo Zeus para llenarme de ambrosía en el banquete de los inmortales”, citado por Luis Miguel Aguilar Camín, “El camaleón peripatético”, Milenio, 26.03.2014, en https://www.milenio.com/opinion/luis-miguel-aguilar/el-camaleon-peripatetico/alguien-me-deletrea (consultado el 24 de junio de 2019).

33 Ganarás la luz, Colección Málaga, México, 1967, p. 87. Este libro fue publicado por primera vez en las ediciones de Cuadernos Americanos en enero de 1943.

34 Ibid., p. 31-32.

35 Jorge Luis Borges, “Sobre Walt Whitman: Canto a mí mismo (traducción de León Felipe)”, en Sur, XII, número 88, enero de 1942, Buenos Aires, pp. 68-70.

36 Fernando Alegría, Walt Whitman en Hispanoamérica, Studium, México, 1954, p. 382 citado por Purificación Fernández Nistral, Problemática de la traducción de “Song of Myself” al castellano en https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2288302.pdf (consultado el 26 de junio de 2019). Este artículo es parte de la tesis de licenciatura de la autora con el mismo título, leída en el Departamento de Inglés de la Universidad de Valladolid en 1980, donde hace una puntual comparación de las traducciones y agrega comentarios valiosos para explicar ambas versiones de la obra en comento. Antes se ha citado la utilidad del artículo de Juan Frau sobre estas traducciones.

37 Ganarás la luzop. cit., pp. 26-27.

38 Emmanuel Alloa, “La comunidad inorgánica: hipótesis sobre el Comunismo Literario en Novalis, Benjamin y Blanchot” en Acta poética, vol.39, no.2, México, jul./dic. 2018, p. 2. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&pid=S0185-30822018000200097&lng=es&nrm=iso (consultado el 25 de mayo de 2019).

39 Sigo en esta singular tesis la obra de Mario Castro Arenas, Tres versiones de El Rey Lear y otros estudios literarios, Universal Books, Panamá, 2002. El examen exhaustivo y las conclusiones de Castro Arenas son irremplazables para examinar el tema en lo concerniente a Shakespeare y Balzac. Se trae a colación la referencia a Alfonso X, por la vinculación entre la fuente histórica común de la obra alfonsina y la del dramaturgo. La corroboración correspondiente a la inclusión del episodio histórico del rey Lear en la General e Grand Estoria en la Parte III rebasa los propósitos de estas líneas. Sin embargo, Castro Arenas menciona los siguientes subcapítulos sucesivos: “De otro rey Leyr que ovo en aquel reyno y de sus fechos; de la respuesta de la infante Cordoxilla, que era la menor; de cómo fue de aquella infante Cordoxilla en pos de esto; De cómo se levantaron de pos esto los reynos primeros contra el rey Leyr y le tollieron el reyno; de cómo el rey Leyr se metió en la mar y pasó a Francia y se fue para su fixa la menor que avie nombre de Cordoxilla; de cómo el rey Ley (sic) fue rescebido del rey Aganipo su yerno, y de cómo se tornaron amos a dos para Bretanna y la conquirieron, y lidiaron con los que gela tenien forcada los vencieron, de cómo murieron amos a dos los reyes”. Por otra parte, Carlos Alvar confirma también la presencia de autores medievales como Geoffrey de Monmouth (Historia Regum Britanniae) en las tramas alfonsinas que inician desde el Antiguo Testamento, en https://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/17/aih_17_2_004.pdf (consultado el 18 de junio de 2019).

40 El texto de Jorge Cuesta lo reproduce Adolfo Castañón, “Los acentos y los pasos…, op. cit., Apéndice II, pp. LXXI-LXXIV; tomado de Jorge Cuesta, Obras completas. T. II. Pensamiento crítico. Epistolario. Recopilación de Miguel Capistrán y Luis Mario Shneider. Edición de Miguel Capistrán, Jesús R. Martínez Malo, Víctor Peláez Cuesta y Luis Mario Schneider. Ediciones del Equilibrista, 1994, págs. 223-226.

41 Luis Rius, op. cit., p. 190-191.

42 Existe discrepancia sobre si se llamaba “Metropolitan”, como lo menciona Rius, o “Coliseum”, según Guillermo de Torre y otros autores, debido a un olvido de León Felipe. Lo cierto es que el cartel que anunciaba la “Poesía revolucionaria por León Felipe”, citaba en el Cine Coliseum. Como fuere, el edificio fue destruido en un bombardeo.

43 Entrevista de Emmanuel Carballo citada por Adolfo Castañón en “Los acentos y los pasos…, op. cit., p. LXV.

44 León Felipe visto por 100 autores, Prólogo, notas y selección de Alejandro Finisterre, ADEFARMA, Madrid, 1991, p. 66.

45 Véase Yevgueni Yevtushenko, Adiós bandera roja, FCE, México, 1997, p. 114-116, versión y notas de José Emilio Pacheco.

46 ¡Oh, este viejo y roto violín!, op. cit., p. 50.

47 La distancia entre la cultura de origen y la de acogida, dificulta la integración. Ésta puede ser incluso muy dolorosa. Hay amplios estudios sobre la sicopatología de las inmigraciones de los pueblos iberoamericanos en los últimos decenios del siglo pasado a México, comparados con las complejas migraciones de estos a Europa. Es posible que en la inmigración española auspiciada por el presidente Lázaro Cárdenas hubiese experiencias de diversa índole, pero la diferencia es abismal. No es el caso de pensar en un proceso individual y social sencillo, si bien, las medidas gubernamentales del país de acogida son importantes para facilitar la rápida integración. Empero, en el caso del exilio español, la primera impresión, el primer referente indeleble fue la llegada al puerto de Veracruz. En muchos casos las personas vuelven a los recuerdos de ese primer punto de contacto, una buena o mala experiencia, y de ello hay diversas constancias.

48 Español del éxodo y del llanto, op. cit., pp. 7-8.

49 León Felipe. Obra poética escogida, op. cit., pp. 368-369.

50 El País en https://elpais.com/diario/1976/05/04/opinion/200008802_850215.html (consultado el 2 de junio de 2019).

51 El País en https://elpais.com/diario/1976/11/05/cultura/215996402_850215.html (consultado el 2 de junio de 2019).

52 Todos los detalles del frustrado “Festival Homenaje a León Felipe" referido se pueden ver en el blog de esta dirección http://aplomez.blogspot.com/2016/06/leon-felipe-la-ultima-prohibicion.html (consultado el 2 de junio de 2019). Entre quienes protagonizaron este suceso se mencionan en una dilatada lista a Vicente Aleixandre, José Hierro, los hermanos Goytisolo, Buero Vallejo, Celaya, Vázquez Montalbán, Nuria Espert, Genovés, Rabal, Fernán Gómez, Luis de Pablo, Bardem, Otero, Ángela Figueras, Dámaso Alonso, y el compositor Cristóbal Halfter.

53 Julián Grimau García fue un político comunista acusado de supuestos crímenes durante la contienda,  sentenciado por la dictadura franquista y fusilado el 20 de abril de 1963. De esta omisión y de la acusación al editor Alejandro Finisterre por introducir a España la Nueva antología rota, da puntuales datos Ma. Teresa Puche, op. cit., p. 42.

54 En el programa tuve oportunidad de leer unas palabras, antecediendo la lectura de sus poemas por las primeras actrices Aurora Molina, Amparo Villegas, Emma Teresa Armendáriz y Ofelia Guilmain.

55 León Felipe visto por 100 autores, op. cit., p. 66.

56 Sus comentarios se dieron en el marco del homenaje a León Felipe en París (1991) que documentó Alejandro Finisterre, citado por Ma. Blanca Nieves Espinosa Temiño en León Felipe y su proyección en América. Estudio bibliográfico documental de su obra inédita. Inventario, tesis doctoral, Universidad Complutense, 2002, Madrid, p. 21.

57 Ermilo Abreu Gómez, “León Felipe” en Sala de retratos, Leyenda, México, 1946, pp. 152-154.

58 André Malraux, “El humanismo trágico”, en Gaëtan Picon, Panorama de la literatura francesa actual, Guadarrama, Madrid, 1958, p. 515.

59 Véase “Ángeles” en ¡Oh, este viejo y roto violín!, op. cit., p. 198.

60 Luis Rius, op. cit., 240.

61 ¡Oh, este viejo y roto violín, op. cit., 185.

62 Gerardo Diego, “Fechas de León Felipe”, en Ínsula, núm. 265, dic. 1968, Madrid, p. 1.

63 ¡Oh, este viejo y roto violín!, op. cit., p. 90.

64 Ibid., p. 9.


León Felipe y la dialéctica del llanto. Respuesta al discurso de ingreso de Jorge Ruiz Dueñas

La poesía de León Felipe es un lazo que me une a Jorge Ruiz Dueñas. Yo no soy poeta, como ellos, pero nací en la poesía y no puedo vivir sin ella. Por ello celebro con entusiasmo que la entrada del poeta Jorge Ruiz Dueñas a la Academia Mexicana de la Lengua ocurra bajo los auspicios de León Felipe, a quien dedica su discurso de ingreso.

Yo crecí con la presencia de ese personaje mítico, el gran poeta León Felipe, a quien recuerdo con su barba de viejo eterno y con su bastón, en el que apoyaba su sabiduría. León Felipe era amigo de mi padre y su figura está impresa en mi memoria de niño y de adolescente. Con frecuencia acompañaba a mis padres a visitarlo. Para mi era un gran símbolo del exilio español, un poeta que compartía con mi padre el dolor de una España aplastada por la dictadura franquista. Nebulosamente recuerdo haberlo visitado por última vez en 1967, con mis padres y el escultor Víctor Trapote, otro refugiado español. Este escultor es quien hizo al año siguiente la mascarilla funeraria del gran poeta, con la ayuda de Jorge Ruiz Dueñas. Me estremece imaginar el rostro potente de León Felipe sumergido en yeso para obtener la última impresión de su cara. Puedo suponer que en ese momento se selló el lazo del poeta de la tierra con el cantor de los mares, se inició la confluencia del poeta nacido al lado de la Sierra de la Culebra con los mares que suele invocar Jorge Ruiz Dueñas. El caminante y el navegante que surcan con su imaginación el polvo y el piélago. Unos versos de Jorge Ruiz Dueñas podrían evocar ese momento:

Zarpamos hacia el descontento
y murmuro
cansado de viajar
y el timonel sonríe y exclama:
Soy Carón
tu navegante
descansa mientras tanto
Este es un viaje sin retorno.

Dice con razón Jorge Ruiz Dueñas que León Felipe no es un espejo de Walt Whitman, como se ha dicho. Lo citaba con frecuencia, dialogaba con él y lo había traducido. Pero Jorge Ruiz Dueñas acertadamente nos recuerda que el llanto del poeta español había borrado la happiness de Whitman. Mi padre, Agustí Bartra, años después de la apreciación que cita Jorge Ruiz Dueñas, escribió que “Walt Whitman cantó la alegría de la vida; León Felipe es un poeta de sombras, profético en su indignación y en su actitud frente al mundo”.1 El propio León Felipe dijo en 1939 que “Mi programa, es decir, mi tema poemático predilecto, es éste: «Nos salvaremos por el llanto»”. Como lo revelan estos tres versos:

Creo en la dialéctica del llanto.
El hombre llora al mediodía y en la noche…
Y entre dos luces, cuando canta el gallo.

Pero enseguida advirtió que “he metido mis lágrimas en una vejiga de bufón, con la que doy golpes inesperados y parece que voy espantando las moscas”. Muchos años después, ya viejo y evocando un poema de juventud, habla de sus llantos:

Todo son juguetes:
las heridas, las lágrimas,
el veneno del áspid, la baba del tirano,
el hacha del verdugo…

Ahora ya no se siente como la famosa “piedra aventurera” de los años veinte, cuando escribía los versos de caminante. Aquella piedra aventurera se hizo célebre gracias a que Paco Ibáñez cantó el poema de León Felipe. Pero quiere de viejo lanzar con su honda otra piedra aventurera, la que dará justo en la frente de Goliat. Así termina ¡Oh, este viejo y roto violín!, el libro que envía a Octavio Paz en 1965 a la embajada de la India, anunciándole que “es un libro escrito por un viejo payaso para hacer reír a la gente”. Más adelante, en 1967, León Felipe le envió otro mensaje a Paz, ya que éste le contesta con una carta-poema escrita a fines de ese año. La carta de León Felipe seguramente está enterrada en el epistolario de Paz, que no es accesible, y no conozco a nadie que la haya leído. Paz le dice que no tienen más remedio que “escribir sobre lo escrito lo no escrito” y citando en francés a Georges Bataille le advierte que no puede hablar de una falta de sentido sin darle un sentido a aquello que no lo tiene. En consecuencia, escribe Paz, la poesía “es la ruptura instantánea instantáneamente cicatrizada”, y hace a continuación una misteriosa referencia al Che Guevara, que acababa de ser asesinado:

                                La ruptura
es la continuidad
La muerte del comandante Guevara
también es ruptura
                                no un fin
Su memoria no es una cicatriz
es una continuidad que se desgarra
para continuarse

Quiero asumir que León Felipe habló en su carta de Cuba y del Che Guevara, a quien admiraba mucho, y que por ello Paz se refiere al guerrillero en su poema. Yo pude ver en los años sesenta cómo se tejió esta admiración en León Felipe. Su impulsor fue el escultor Víctor Trapote, quien había apoyado a Fidel Castro en México antes de viajar en el Granma, y había sido detenido junto con el líder cubano; la hija de Trapote, Irina, se había ido a Cuba al triunfo de la revolución para casarse con el legendario Ramiro Valdés, compañero de Fidel Castro en el asalto al cuartel Moncada y en la travesía del Granma. Fue ministro del interior y fundó los servicios de inteligencia cubanos. La influencia de Víctor Trapote y de su hija Irina en León Felipe era muy grande, a pesar de que el poeta se había mantenido alejado de toda militancia.2 Seguramente no se percataba de las siniestras consecuencias que tuvo la construcción del “hombre nuevo” impulsada por ese soldado que fue el Che, y tampoco Paz era plenamente consciente de ello todavía. Paz, envía la carta-poema al traductor Lysander Kemp en enero de 1968 y le dice “Hay alguna alusión al Che Guevara –héroe de verdad, inclusive si su ideología no coincide, enteramente, con la que yo quiero y creo". En marzo de 1968 le escribe a Vicente Rojo, quien le ha enviado copia de la publicación en México de la carta-poema y le dice: “¿Se habrá ofendido? No puedo creerlo”. Más adelante Paz, en una carta en inglés a Muriel Rukeyser, le confiesa que no sabe si incluir en lo que ella está traduciendo la carta a León Felipe, un poema que le gusta porque alude al Che Guevara, de quien dice es “one of the few heroes of our time” (uno de los pocos héroes de nuestro tiempo).3

No era difícil encender en León Felipe la pasión por la justicia. Su indignación por la tragedia de España fue enorme, como bien dice Jorge Ruiz Dueñas, pero ello no lo llevó a acercarse a algún partido. Lo afirmó muy bien en unos versos de su libro Ganarás la luz:

Hay dos Españas, la del soldado y la del poeta. La de la espada fratricida y la de la canción vagabunda. Hoy hay dos Españas y una sola canción. Y esta es la canción del poeta vagabundo:

Soldado, tuya es la hacienda,
la casa,
el caballo
y la pistola.
Mía es la voz antigua de la tierra.
Tú te quedas con todo y me dejas desnudo y errante por el mundo…
Mas yo te dejo mudo… ¡mudo!
Y ¿cómo vas a recoger el trigo
y a alimentar el fuego
si yo me llevo la canción?


Pero la voz de León Felipe no siempre fue la más antigua de la tierra. El viejo mar también lo atrajo, como a Jorge Ruiz Dueñas, y alguna vez pensó que acaso era Jonás y que la gran ballena se lo había engullido. Alguien lo arrojó al mismo mar abismático que tanto ama Jorge Ruiz Dueñas:

Pero un día me arrojaron al abismo,
las aguas amargas me rodearon hasta el alma,
la ova se enredó a mi cabeza,
llegué hasta las raíces de los montes,
la tierra echó sobre mí sus cerraduras para siempre…
(¿Para siempre?)
Quiero decir que he estado en el infierno…
Y no canto la destrucción:
Apoyo mi lira sobre la cresta más alta de este símbolo…
Yo soy Jonás.

Aún en el piélago, León Felipe –a fin de cuentas poeta del barro, como ha dicho Luis Rius– evoca los montes y la tierra. Es su versión peculiar del salmo que canta Jonás en el vientre del pez monstruoso. León Felipe se identifica con Jonás, el profeta rebelde envuelto en las ironías de un dios que le obliga a obedecer.

Por su lado, Jorge Ruiz Dueñas adopta el símbolo de la ballena y de los mares para vivir su poesía. Se identifica con el monstruo marino:

Yo leviatán.
Yo la asediada gris de los desiertos litorales.
Yo viajera ártica.
Yo señora de lagunas y canales.
Yo abismal y mítica.
Yo macho lascivo.
Yo hembra amantísima.
Yo ballena.

Pero la poesía de Jorge Ruiz Dueñas es mucho más vasta que sus ballenas. Es también el inmenso desierto que evoca con pasión, es el amplio y atractivo erotismo en el que baña gran parte de su poesía. Jorge Ruiz Dueñas es además un narrador y un buen ensayista, como lo muestra el discurso que nos acaba de leer. En él se ha enfrentado al espejo poético de León Felipe, y además de zambullirnos en el mundo del gran poeta español nos ha revelado la finura de su sensibilidad lírica. León Felipe le dio a Jorge Ruiz Dueñas su impulso inicial y lo introdujo a su dialéctica del llanto. Con esta dialéctica Jorge Ruiz Dueñas se impulsó, pero abandonó la tierra del sollozar para habitar la del gozar.

Muy bienvenido, querido Jorge Ruiz Dueñas, al espacio de la Academia Mexicana de la Lengua. Todos los académicos te abrimos con gusto las puertas de esta casa llena de palabras y, también, de parábolas.

                                                                                                                       Roger Bartra

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1 Manuel Durán y Agustí Bartra, Panorama de la literatura española, Harcourt, Brace, Nueva York, 1967.

2 Irina Trapote se mantuvo ligada a los servicios cubanos de inteligencia aún después de que se separó de Ramiro Valdés, cuando se casó con el conocido espía cubano Julián López Díaz, que fue detenido en septiembre de 1966 en México por haber organizado el envío de armas a la insurgencia guatemalteca. Fue un escándalo en ese momento.

3 Referencias a las cartas de Paz tomadas de Guillermo Sheridan, “El buzón de Octavio Paz: 1968”, https://zonaoctaviopaz.com/espacios/correspondencia/cartas-octavio-paz-1968/

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