Minucias del lenguaje - José G. Moreno de Alba, publicadas por el FCE
DESDE HACE SIGLOS las gramáticas españolas vienen explicando que, por razones de eufonía, el artículo definido femenino la se cambia por el masculino el cuando el sustantivo que sigue comienza por a tónica (el águila y no *la águila, el hada y no *la hada). Se conserva empero la forma femenina cuando entre el artículo y el sustantivo se intercala cualquier palabra (la dulce habla y no *el dulce habla), así como también, cuando el artículo antecede a un adjetivo (la árida llanura y no *el árida llanura). Estas prescripciones aparecen ya desde las primeras ediciones de la Gramática de la Academia.
        Por lo contrario, las reglas correspondientes al uso del artículo indefinido ante sustantivo con a tónica inicial nunca han sido suficientemente explícitas. Así, por ejemplo, en gramáticas académicas del siglo XIX solía no anotarse prescripción alguna. Es decir que según esto debería conservarse el uso de uno o una de acuerdo con el género del sustantivo que seguía (una ave, por ejemplo).
        En una reconocida gramática normativa de fines del XIX, la del mexicano Rafael Ángel de la Peña, se puede leer empero la siguiente regla: "Una pierde por apócope la vocal a, antes de nombres que comienzan por la misma vocal acentuada". Proporciona ejemplos de los clásicos: "¡qué es ver un alma caída en pecado!" (santa Teresa); "la necesidad es un arma tan fuerte" (Ribadeneyra); "un aya inglesa" (Juan Valera) .
        En la edición de la Gramática de la Academia de 1931 aparece una regla redactada en términos eclécticos (si no contradictorios): "análogamente a lo que sucede con la forma femenina del artículo definido, el numeral o el indefinido una pierde a veces la a final ante palabra que empiece por a acentuada, y así se dice un alma. Debe, sin embargo, preferirse, en general, una, para distinguir siempre la forma femenina de la masculina".
        Finalmente, en el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española (de 1973), sigue mostrándose indecisa la Academia: "como femenino se emplea un, y bastantes menos veces una, ante nombre sustantivo femenino singular que empieza por el fonema vocálico /a/, escrito a- o ha-, cuando posee acento de intensidad y sigue inmediatamente el indefinido: un ave, un aria". Es evidente el cambio de criterio entre la edición de 1931 ("debe preferirse una...") y el Esbozo de 1973 ("se emplea un, y bastante menos veces una...").
        Soy de la opinión de que hace falta un buen estudio sobre la preferencia (un ave o una ave) en los buenos escritores contemporáneos, pues sólo con datos confiables al respecto podría recomendarse una u otra forma.

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