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ACADEMIA MEXICANA DE LA LENGUA

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Resultados en el universo Obras de consulta en línea y la obra Minucias del lenguaje de José G. Moreno de Alba

Minucias del lenguaje


    Obras de consulta en línea

    1. ¿10 de marzo de o del 2000?
      EN LA PÁGINA ELECTRÓNICA de la Real Academia Española han aparecido recientemente al menos dos notas que tienen que ver con la expresión de las fechas a partir del año 2000. En la primera, de fines del 2000, se decía lo siguiente:
              
              "En español, el uso habitual en la expresión de las fechas establece que entre la mención del mes y del año se interponga, sin artículo, la preposición de: 1 de enero de 1999. Sí es necesario anteponer el artículo el si se menciona explícitamente la palabra año: 15 de enero del año 1999. No hay ninguna razón para que el año 2000 (y los que forman serie con él) constituya una excepción al uso general. Al tratarse de una fecha emblemática (último año del milenio), se ha hablado mucho 'del 2000' (con elipsis del término año) en general, fuera de la expresión de una fecha concreta, y esto ha hecho que al oído 'suene mejor' la fórmula '1 de enero del 2000' que '1 de enero de 2000'. Ambas pueden considerarse admisibles: la primera por quedar sobrentendida la elisión de la palabra año; la segunda, por ajustarse al uso general en español para la expresión de las fechas. Para la datación de cartas, documentos, etc., se recomienda atenerse al uso general: 1 de enero de 2000".
              
              En otra nota, de principios de 2002, se hacen más precisas observaciones sobre la expresión de fechas. Antes de hacer algunos comentarios, me parece conveniente transcribir, también completo (como el anterior), este no tan breve comunicado:
              
              "Cuando nos referimos en el español moderno a una fecha anterior al año 1100, solemos utilizar el artículo delante del año, al menos en la lengua hablada: Los árabes invadieron la Península en el 711... No faltan, sin embargo, abundantes testimonios sin artículo en la lengua escrita. Así, en un texto de La España del Cid, de Ramón Menéndez Pidal, leemos: Los dos reyes ordenaron sus haces y le acometieron (14 de agosto de 1084). Una fluctuación similar se registra en la referencia a fechas posteriores a 1100, aunque en este caso es más frecuente la ausencia de artículo: Los Reyes Católicos conquistaron Granada en (el) 1492... A diferencia de las fechas que incluyen una centena, la escueta referencia a 2000 puede resultar imprecisa en la mente de los hablantes para designar unívocamente un año. Por eso el español prefiere mayoritariamente el uso del artículo en expresiones como Iré al Caribe en el verano del 2000 o La autovía estará terminada en el 2004. Cuestión diversa es la datación de cartas y documentos, en la que desde la Edad Media se prefiere la variante sin artículo delante del año, consolidando en la práctica una fórmula establecida: 4 de marzo de 1420, 19 de diciembre de 1999. La Real Academia Española entiende que este uso ha de mantenerse en la datación de cartas y documentos del año 2000 y sucesivos (ejemplo: 4 de marzo de 2000). Si se menciona expresamente la palabra año, es necesario anteponer el artículo: 5 de mayo del año 2000".
              
              Nótese que la Real Academia Española justifica gramaticalmente el empleo del artículo (del 2000): "por quedar sobrentendida la elisión de la palabra año" (primer comunicado). Por lo contrario, la omisión del artículo (de 2000) es admisible simplemente "por ajustarse al uso general en español para la expresión de las fechas" (primer comunicado) o por haberse consolidado en la práctica como "una fórmula establecida" (segundo comunicado). En efecto, lo que importa es la norma, entendida como la suma de las hablas individuales. Cuando la mayoría de los hablantes ha decidido adoptar cierto hábito lingüístico, cuando ello se ha convertido en una costumbre general, puede adquirir, merecidamente, el carácter de norma, ahora en el sentido de regla que obliga a todos por igual.
              No deja de ser interesante empero que persiste una seria dificultad para explicar gramaticalmente la omisión del artículo (1 de enero DE 2000). Entre las funciones propias de la preposición de está la de introducir frases nominales (sustantivas) de naturaleza determinativa o circunstancial: casa de piedra, vengo de París. Puede también introducir adjetivos; éstos, sin embargo, deben ser calificativos: tiene fama de inteligente. Gramaticalmente hablando los números son casi siempre adjetivos (pero no calificativos, pues no designan cualidades o defectos) y se les conoce como adjetivos numerales. Pueden ser cardinales, y en tal caso siempre van antepuestos al sustantivo (veinte naranjas) u ordinales y, entonces, pueden anteponerse o posponerse al sustantivo (décimo piso, piso décimo). Pueden escribirse con letras o cifras. Con letras suelen escribirse los cardinales hasta el veinte (quince libros) y, en ocasiones, los ordinales (el cuarto lugar); se acostumbra el uso de cifras en cardinales mayores que veinte (1999) y, a veces, en los ordinales (46º = cuadragésimo sexto). Es importante aclarar que, sobre todo en denominaciones altas, los cardinales sustituyen con frecuencia a los ordinales. Ése es precisamente el caso, desde hace mucho tiempo, de la designación de los años: el año 1951 (mil novecientos cincuenta y uno) = el año milésimo quincuagésimo primero. Puede conservarse también el valor cardinal; en tal caso la anteposición es obligatoria y la única lectura sería la siguiente: 1951 años (en plural) = mil novecientos cincuenta y un años.
              En resumen, cuando se analiza gramaticalmente el enunciado 10 de marzo de 2000, cuando se pretende identificar la categoría gramatical de cada una de las palabras, al llegar a la cifra 2000, no hay forma de hacerlo, pues aparentemente se trata de un adjetivo cardinal; sin embargo la preposición de no puede introducir este tipo de adjetivos, Por lo contrario, si en lugar de decir 10 de marzo DE 2000 digo 10 de marzo DEL 2000, la l convierte a la preposición en un artículo contracto (de + el = del) y ese artículo nos está señalando que se ha omitido (pero que está latente, tácito) el sustantivo año: 10 de marzo del 2000 = 10 de marzo de (el año) 2000. En tal caso, ya no hay dificultad en identificar la categoría gramatical de la cifra 2000: adjetivo cardinal empleado como ordinal que modifica al sustantivo (tácito) año.
              Obsérvese, para demostración de lo anterior, que cuando deseamos designar no ya el año sino el mes con un ordinal (y no con su nombre), entonces empleamos siempre el artículo. Puede muy bien decirse El 10 DEL tercer mes del año; nunca diríamos *El 10 DE tercer mes del año. Tercer mes es una frase nominal, que requiere de artículo (El tercer mes). También el adjetivo 2000 (cardinal en función de ordinal) pide su sustantivo (un adjetivo sin sustantivo es como una estampilla sin sobre) y ese sustantivo es año. Puede muy bien no expresarse, dejarse tácito. En tal caso será el artículo el el que señala que hay, en la estructura profunda, un sustantivo: 10 de marzo del 2000 = 10 de marzo de (el año) 2000. Como se ve, hay razones gramaticales para el empleo de del en lugar de de. Entiendo sin embargo la posición de la Real Academia Española: si se ha generalizado el hábito de expresar las fechas con de y no con del, es ésta razón suficiente para recomendarlo.

    1. 3.1416 / 3,1416: ¿punto o coma para separar decimales
      HACE ALGUNOS AÑOS se me pidió que diera mi opinión en relación con el texto de la Ortografía de la lengua española, que la Real Academia Española, junto con la totalidad de academias, preparaba para su publicación. Entre otras observaciones señalé entonces mis dudas relativas a la manera en que se proponía la redacción de la regla correspondiente al signo de puntuación que debería emplearse para separar, en una cifra, los decimales. Sugería yo que, como primera alternativa, se recomendara el uso del punto (3.1416, por ejemplo) y, sólo como segunda opción, se señalara la posibilidad del empleo de la coma (3,1416). Esta propuesta no fue tomada en cuenta. La redacción definitiva del asunto, en la edición oficial (Espasa, 1999) quedó en los siguientes términos:

      "Usos no lingüísticos del punto (…) b) Es aceptable, de acuerdo con la normativa internacional, el uso del punto para separar la parte entera de la parte decimal en las expresiones numéricas escritas con cifras. Por ejemplo: 3.1416. Pero en este caso es preferible el uso de la coma" [p. 89]

      "Usos no lingüísticos de la coma. Se utiliza la coma para separar la parte entera de la parte decimal en las expresiones numéricas escritas con cifras. Por ejemplo: 3,1416. No obstante, la normativa internacional acepta también el uso del punto en este caso" [p. 90]
       
              En esas reglas —aunque no muy claramente— se expresa la razón por la cual no se consideró aceptable mi sugerencia. Ciertamente se dice que, por normativa internacional, puede usarse el punto. No se escribe, sin embargo, que la recomendación de usar coma obedece a una norma internacional, aunque se deduce del texto de las reglas. Aunque no he podido encontrar la norma internacional, sí he consultado la normativa española que en ella se basa. En un documento titulado Norma española. Principios generales relativos a las magnitudes, las unidades y los símbolos, se anota lo siguiente:
      "Signo decimal. El signo decimal es una coma en la parte baja de la línea. (En los textos escritos en inglés puede utilizarse, también, un punto, siempre en la parte baja de la línea) […]. Nota.- Según una decisión del Consejo de la ISO , el signo decimal es una coma en todos sus documentos" [p. 46]
       
              En otro documento semejante se lee:

      "El signo para separar la parte entera de la parte decimal de un número será una coma, tal y como indica la norma UNE 82100-0 en su página 18 […] Para quienes escriben en inglés la norma da la siguiente: Nota 17. En los textos en inglés puede utilizarse un punto en lugar de una coma. Si se utiliza un punto deberá ir en la parte baja de la línea. Según una decisión del Consejo de la ISO , el signo decimal es una coma en todos sus documentos […]. La coma es reconocida por la Organización Internacional de Normalización ISO (esto es, por alrededor de 90 Estados del mundo) como único signo ortográfico en la escritura de los números, utilizados en documentos y normas técnicas […] La grafía de la coma se identifica y distingue más fácilmente que la del punto."

              De lo anterior puede deducirse que, en efecto, la ISO tomó la decisión de emplear, en todos sus documentos, la coma para separar decimales. Ello no quiere decir, pienso yo, que esa decisión deba verse como una norma obligatoria fuera de la ISO. En todo caso no he encontrado ese ordenamiento preciso. Vamos a suponer que sí exista. También existe, según parece, la otra norma o, si se quiere, la excepción de la regla: en inglés se emplea (o puede emplearse) el punto (no la coma) para separar los decimales. Lo importante aquí, me parece, es que la excepción de la regla (el inglés), cuantitativamente, es mayor que la regla misma. Creo que nadie puede poner en duda que el volumen de los textos escritos en inglés es mayor a la suma total de textos escritos en otras lenguas. Esto es particularmente cierto en la llamada red o internet.
              En los documentos citados o, al menos, en alguno de ellos, creo percibir un equívoco. Que la organización conocida como ISO haya determinado emplear, en sus documentos, la coma para separar los decimales es una cosa y otra, muy diferente, que en cada uno de los 90 países que forman la ISO se haya establecido o adoptado esa regla. Esto último no parece cierto. Pienso que en muchos países que pertenecen a la ISO (quizá en la mayoría), además de los de lengua inglesa, se emplea el punto para separar decimales. Valdría la pena saberlo con precisión. Es probable, por otra parte, que España haya determinado atenerse a la norma (interna) de la ISO para evitar así que alguien piense que, empleando el punto, imita la costumbre de la lengua inglesa. Por mi parte, tengo mis dudas de que en el casi general empleo del punto decimal en los países hispanohablantes del continente americano deba verse una influencia del inglés.
              Ahora bien, independientemente de lo anterior, si lo que se pretende al redactar una Ortografía es alcanzar la apetecible y muy útil unidad de todos los hispanohablantes al escribir en español, habría convenido, antes de fijar la regla de la coma (y la excepción que tolera el empleo del punto), investigar cuántos hispanohablantes emplean habitualmente el punto y cuántos la coma. Sé que el argumento numérico o demográfico es particularmente antipático a muchos lingüistas y filólogos españoles. Y yo estoy de acuerdo con ellos cuando ese tipo de argumentos se emplean para rebatir razones de otra naturaleza (etimológicas o históricas, por ejemplo). No es éste el caso. Aquí se trata simplemente de que el empleo del punto o de la coma para los decimales no atañe sólo a la lengua española, sino que es una determinación que afecta a todos: en el mundo entero, unos pocos emplean la coma, y muchos emplean el punto. A esto debe añadirse que, sin duda, la mayoría de los hispanohablantes empleamos el punto. La redacción de la nueva Ortografía habría sido espléndida ocasión para recomendar a todos el uso de la mayoría. No deja de ser curioso que la regla recomiende al 80 % de los hispanohablantes —puede ser más— que cambie su hábito de emplear el punto y use coma. ¿No habría sido más lógico —y más fácil de lograr— recomendar al 20 % —puede ser menos— que se adhiera al uso mayoritario del punto?
              Recuerdo que hace algunos años, durante una difícil discusión académica relativa a la inclusión en el diccionario del dígrafo ch en el apartado de la letra c —y no como letra aparte—, uno de los principales argumentos que llevaron a tomar ese histórico acuerdo fue precisamente el que sólo el español reservaba, en el diccionario, un apartado especial a la ch, ya que todas las lenguas que tienen ese dígrafo (el francés, el inglés…) lo consideraban dentro del apartado de la letra c. Ganó la determinación más práctica. No convenía aislar al español; era mejor adherirse al hábito de las otras lenguas: en la reciente edición del DRAE la ch forma parte de la c. Es posible que algo semejante esté sucediendo con los que emplean la coma para separar decimales: están quedándose aislados. En este mundo furiosamente globalizado no conviene quedarse aislado, ni siquiera por el empleo de una coma por un punto.

    1. abducción
      SABEMOS QUE LA MÁS RECIENTE EDICIÓN del DRAE (la vigésima segunda, de 2001) tiene muchos nuevos artículos (11 425) y nuevas acepciones (28 715), en relación con la entrega anterior (1992). Como era de esperarse, no faltan algunos verdaderos rarismos. Creo que como tal puede calificarse la nueva segunda acepción del vocablo abducción: "Supuesto secuestro de seres humanos, llevado a cabo por criaturas extraterrestres, con objeto de someterlos a experimentos diversos en el interior de sus naves espaciales". La primera acepción, mejor que rara, es simplemente un tecnicismo relacionado, en alguna medida, con la anatomía y, quizá, con alguna disciplina médica: "Movimiento por el cual un miembro u otro órgano se aleja del plano medio que divide imaginariamente el cuerpo en dos partes simétricas. Abducción del brazo, del ojo". Conviene señalar, por una parte, que esta primera acepción aparece ya en ediciones anteriores y, por otra, que en la vigésima se anotaba como vocablo propio de la zoología (?). En entregas anteriores el vocablo abducción tenía, además, otra acepción, inscrita en el campo de la dialéctica: "Silogismo cuya premisa mayor es evidente y la menor menos evidente o solo probable". Esta acepción es la tercera en la edición de 2001.
              Vuelvo al secuestro de humanos por extraterrestres y a sus naves espaciales. Independientemente de que pocos toman en serio estos asuntos, puede uno preguntarse, aun con la salvedad que supone la palabra supuesto ("supuesto secuestro..."), si vale la pena incluir en el Diccionario general de la lengua esta curiosa acepción, desconocida por los que no frecuentan cierto particular tipo de ciencia ficción y, tal vez, aun para ellos. Las contadas apariciones de esta voz en el corpus del español actual (de la propia Academia Española), se dan en textos periodísticos, en transcripciones de entrevistas televisadas o en pintorescos tratados de "ovnilogía" (!). No encontré un solo registro en texto literario alguno más o menos serio. De que es un rarismo no cabe duda: en el excelente Diccionario del español actual (Seco et al.) se registra el vocablo y la acepción, pero se anota la marca de raro. Sin embargo, también como raros, este diccionario añade los vocablos abducente, abducir y abductor, que, atinadamente, con excepción del último, no consideró la Academia Española.
              Termino señalando que el vocablo abducción, con el sentido de 'secuestro', parece provenir del inglés, dato no mencionado en los diccionarios. En inglés, abduction se relaciona con to abduct: "To take a person away by force. Kidnap". Curiosamente, en la vigésima primera edición del DRAE (1992), en el artículo abducción, se añadía una tercera acepción, con la marca Der. (Derecho): "Rapto". Lamentablemente en la siguiente entrega (2001) se suprimió esta acepción y, en su lugar, se anotó la larga explicación de extraterrestres (con sus naves, sus secuestros y sus experimentos), que transcribí arriba. Creo que si se hubiera dejado esa simple acepción ("rapto"), sin mayores explicaciones y, quizá, anotando su probable origen inglés, habría sido mejor solución, pues con abducción se podría aludir a cualquier tipo de rapto, el de los extraterrestres incluido.

    1. abocarse
      NO ES DIFÍCIL ENCONTRAR, en el español escrito de nuestros días, al menos en México, usos del verbo abocarse que no parecen tener precisa correspondencia con su significado, o con el sentido que le asignan los diccionarios de mayor prestigio. Normalmente aparece la voz en expresiones como las siguientes: "todos debemos abocarnos a la solución del problema", "el presente capítulo se aboca a la explicación del asunto", "fue un hombre abocado siempre al cumplimiento del deber".
              En español existen los verbos abocar y avocar. Este último es un término de jurisprudencia: 'atraer a sí un juez o tribunal superior, sin que medie apelación, la causa que se estaba litigando o debía litigarse ante otro inferior'. Evidentemente nada tiene que ver este vocablo con el abocar que aparece en los ejemplos transcritos. Ahora bien, abocar, voz homónima de la anterior, tiene un origen totalmente diferente. Si avocar procede del latín vocare (con preposición a-), abocar se relaciona con boca. En efecto, la primera acepción de ese vocablo es 'asir con la boca'. Otro sentido es el de 'verter el contenido de un cántaro, costal, etc., en otro', donde también se puede observar el sema boca, pues son precisamente las bocas de los recipientes las que se aproximan para verter el contenido. El DRAE registra otros significados más, algunos de los cuales se asemejan ciertamente al que posee el verbo de los ejemplos que comento, aunque, según creo, no de manera exacta. Abocar puede significar 'acercar, aproximar', como en "abocar las tropas". Con este sentido puede usarse en forma pronominal: abocarse, 'aproximarse'. También como pronominal posee la acepción de 'juntarse de concierto una o más personas con otra u otras para tratar un negocio'.
              Nótese que no parece permutable, en los ejemplos, abocarse por acercarse o aproximarse o juntarse, ni tampoco abocado (a) por expuesto, acepción que registra María Moliner: "estamos abocados a una catástrofe".
              Me parece que el verbo abocarse, en los ejemplos del primer párrafo, puede sustituirse, con propiedad, por otros que caben mejor en esos contextos: "todos debemos aplicarnos a la solución del problema", "el presente capítulo se dedica a la explicación del asunto", "fue un hombre consagrado al cumplimiento del deber".

    1. abordar
      ES PROBABLE que en el español contemporáneo, de México y de otras partes, el significado que con mayor frecuencia adquiere el verbo abordar, tanto en la lengua hablada, como, sobre todo, en la escrita, sea el de 'dar ingreso a personas en un vehículo': "abordé el autobús", "nos dijeron que abordáramos el avión", "es hora de abordar el tren". De ahí la frase que todos empleamos en los aeropuertos para referirnos al documento que, a manera de salvoconducto, nos permite entrar en el avión: pase de abordar.
              De conformidad con la definición de abordar en el DRAE, este verbo, en su primera acepción, significa 'llegar una embarcación a otra, chocar o tocar con ella, ya sea para embestirla, ya para cualquier otro fin, ya por descuido, ya fortuitamente'. Nótese que, independientemente del significado preciso, el sujeto de este verbo, según esta definición, es la embarcación misma. Hay otros significados en los que sigue siendo sujeto la embarcación: 'aportar (tomar una nave puerto), atracar, llegar a una costa, a una isla', etcétera.
              Vale la pena preguntarse si la voz abordar es la más usual, la más popular para referirse al ingreso de una persona en un vehículo. Creo que no, pues sigue sintiéndose como formal, como propia de ciertos registros de habla que no corresponden a la conversación habitual. En esas circunstancias el hablante suele emplear otros verbos, especialmente subir(se) y, en menor medida, entrar y embarcar(se): "a las ocho nos subimos al avión", "súbete rápido al coche", "entramos en el (al) tren cuando estaba por salir". Debe sin embargo aceptarse que, con referencia específica al avión, cada vez es más frecuente abordar. A propósito de embarcar(se), que sólo esporádicamente se emplea para vehículos que no sean embarcaciones, es la única voz o al menos la predominante para designar el hecho de subir o ingresar en un barco. Es decir que el marinerismo abordar, contra lo que podría esperarse, pocas veces sustituye a embarcarse.
              Tengo la impresión de que la voz abordar para referirse al hecho de subir al avión, al menos en el español mexicano, está muy enquistada y ello se debe sobre todo a que las compañías de aviación la han estado introduciendo de manera sistemática. Parece necesario, por tanto, añadir ésta al resto de sus acepciones en el DRAE. Se tratará de uno más, quizá el más reciente, de los abundantes marinerismos que, desde el siglo XVI, vienen penetrando en el español americano, esas voces que, como abarrotes o arbotante, abandonan su prístina significación marinera para adquirir una nueva, que nada tiene que ver con el mar.
              Esta nueva significación de abordar convivirá con otras, de carácter figurado, ya registradas en los diccionarios y de uso normal en México, como 'acercarse a alguno para proponerle o tratar con él algún asunto': "lo abordé cuando iba saliendo"; así como 'emprender o plantear un negocio o asunto que ofrezca dificultades o peligros': "el autor aborda muy bien ese tema en el libro".

    1. abusar
      DE LA PÁGINA 19 del diario Reforma correspondiente al 11 de octubre de 2007 tomo el siguiente texto: "Cuatro mujeres cuyos hijos fueron abusados sexualmente denunciaron la existencia de una red de pederastia […]". La forma verbal de abusar, que transcribo en cursivas, está en voz pasiva, lo que quiere decir que para el redactor de la nota ese verbo es transitivo (sólo ese tipo de verbos puede construirse con complemento directo o en voz pasiva). La gramática nos enseña, por lo contrario, que el verbo abusar, en español, sólo puede emplearse o bien como intransitivo (sin complemento directo: "no me gusta abusar") o bien con complemento de régimen (con la preposición de: "no me gusta abusar de tu tiempo"). El primer significado del verbo es el de "usar indebidamente de algo o de alguien" ("abusó de su autoridad"). Tiene también la acepción de "hacer objeto de trato deshonesto a una persona de menor experiencia, fuerza o poder" ("abusó de un menor"). Esta segunda acepción, que se añade a partir de la decimonovena edición (1970), es poco explícita, pues el "trato deshonesto" puede ser de muy diverso tipo, si se tiene en cuenta que deshonesto significa simplemente 'falto de honestidad'. Muy diferente es la redacción de la segunda acepción de abusar en el Diccionario del español actual (M. Seco et al.): "Violar a alguien u obligarle a otros actos sexuales". Se aclara ahí que, con este significado, es obligatorio el empleo de la preposición de; ejemplifica con un pasaje de Pequeñuelo de Arturo del Hoyo: "[…] que un hombre abusó de: ella, en la aldea, siendo ella aún menor de edad, y que la hizo un niño".
              En inglés el verbo to abuse, con el significado de 'ultrajar, maltratar, denostar…', es transitivo, es decir que se construye con complemento directo ("to abuse one's authority" [authority, aquí, es complemento directo de to abuse]: "abusar de la autoridad de uno"). En las últimas décadas es muy frecuente, en inglés, el empleo del verbo transitivo to abuse con el significado de "violar a alguien u obligarle a otros actos sexuales". Parece claro que, en español, el uso transitivo de abusar, que queda de manifiesto en el texto transcrito al principio de esta nota, se debe a la influencia del inglés. Se trata, en primer lugar, de un anglicismo sintáctico, pues se hace transitivo un verbo que no lo es (*lo abusó por abusó de él). Probablemente se trate asimismo de un calco semántico, cuando abusar (de) pasa a significar 'violar', pues de conformidad con lo explicado por el DRAE, abusar (de) no tenía en español ese específico significado.
              Creo que el empleo transitivo de abusar tiene una explicación, aunque de ninguna manera una justificación. El enunciado inglés "to abuse a child" parece mucho menos ambiguo que el español "abusar de un muchacho", expresión que no necesariamente significa "violar a un muchacho u obligarlo a otros actos sexuales" sino que puede equivaler a 'engañarlo, aprovecharse de él, etc.'. La naturaleza transitiva de to abuse en inglés permite el empleo del participio pasivo con carácter adjetivo: "a abused child". Este empleo resulta imposible con abusar de en español pues, si bien existe el americanismo abusado (por aguzado, 'perspicaz'), éste no tiene valor pasivo sino activo. A ello se debe que, en el texto con el que principia esta nota, se añada al adjetivo abusados el adverbio sexualmente pues, de otra forma, no se captaría el sentido del enunciado ("cuyos hijos fueron abusados" [¿?]). Asimismo el inglés puede formar con to abuse oraciones pasivas ("a child was abused by…"), imposibles de construir en español con abusar. Por ello llama tanto la atención la redacción de la nota del periódico que vengo comentando, con el empleo anómalo del verbo abusar en voz pasiva ("[…] cuyos hijos fueron abusados"). En inglés, finalmente, existe el sustantivo abuse que, entre otras cosas, puede significar 'violation, rape'. Por lo contrario, entre los sentidos que tiene en español el sustantivo abuso, no hay ninguno que tenga que ver con 'violación'; para ello hay que añadir el adjetivo sexual: abusos sexuales.
              Debo reconocer que, antes de la lectura de la noticia que comento, nunca había oído ni visto escrito este empleo de abusar como transitivo. Se trata, creo, de un lapsus enteramente ocasional. Puede suceder también que se venga usando y yo no me hubiera dado cuenta. De cualquier manera conviene o bien usar el verbo con la preposición de (abusar de), o bien emplear algún otro que sí sea transitivo, como violar.

    1. acceder
      ESTE VERBO, procedente del latín accedere ('acercarse'), mejor que de ad y cedere (a y 'retirarse') -como anota el DRAE-, tenía, hasta la decimonovena edición de 1970, sólo el sentido de 'consentir en lo que otro solicita o quiere', o el de 'ceder uno en su parecer'. Era por ende muy criticado, como galicismo, el uso de acceder con el sentido de 'tener acceso' a algo: "Fulano accedió al poder", por ejemplo. Obviamente no había inconveniente en decir "Fulano tuvo acceso al poder", porque la voz acceso aparecía ya definida como 'acción de llegar o acercarse'. Otras formas, aceptadas ya en 1970, que incluían el sentido de 'llegar' eran accesible y accésit (recompensa inferior para el que se acerca al primer lugar de un concurso).
              Entre las muchas modificaciones y adiciones de la vigésima edición del DRAE (1984), se cuentan dos acepciones nuevas, la 3 y la 4, en la entrada acceder: 'tener acceso, paso o entrada a un lugar' y 'tener acceso a una situación, condición o grado superiores, llegar a alcanzarlos'. Como se ve, con estas recién aceptadas definiciones, nada impide decir "Fulano accedió a mi casa" o "Zutano accedió al poder", sin que, naturalmente, dejen de ser correctas otras construcciones como "Fulano accedió a quedarse" ('consintió en').
              Es probable que el valor de acceder como 'llegar' sea más antiguo en francés que en español y que, por ello, fuera tachado de galicista el uso de este verbo, en español, con ese sentido. Sin embargo, a mi juicio, hay sobradas razones para justificar la adición de estas acepciones en el DRAE: ante todo, el hecho innegable de su cada vez más extendido uso entre hablantes cultos pero, también, la correcta base etimológica sobre la cual se sustentan los significados añadidos, pues el primer sentido que los diccionarios latinos dan siempre al verbo accedere es precisamente 'llegarse, venir, acercarse'.

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