Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Lunes, 09 de marzo de 2020. - Noticias sobre: Felipe Garrido

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria 

    Lunes

    Las muertes

    He aquí unos muertos cuyos huesos no blanqueará la lluvia,
    lápidas donde nunca ha resonado el golpe tormentoso de la piel del lagarto,
    inscripciones que nadie recorrerá encendiendo la luz de alguna lágrima;
    arena sin pisadas en todas las memorias.
    Son los muertos sin flores.
    No nos legaron cartas, ni alianzas, ni retratos.
    Ningún trofeo heroico atestigua la gloria o el oprobio.
    Sus vidas se cumplieron sin honor en la tierra,
    mas su destino fue fulmíneo como un tajo;
    porque no conocieron ni el sueño ni la paz de los infames lechos vendidos por la dicha,
    porque sólo acataron una ley más ardiente que la ávida gota de salmuera.
    Esa y no cualquier otra.
    Esa y ninguna otra.
    Por eso es que sus muertes son los exasperados rostros de nuestra vida.

    Olga Orozco (1920-1999)
    Las muertes
    Material de lectura. Poesía moderna. 199
    Selección y notas introductorias de
    Elva Macías y Myriam Moscona
    UNAM, México, 1998

    Martes

    Cerro de la Silla

    Para Gonzalo Argüelles Bringas

    Cuando asalta la aurora el horizonte
    Al reino de la sombra haciendo guerra
    No hay cumbre como tú, que el sol tramonte,
    Más bella entre las cumbres de la sierra.
    ¡No hay otro como tú, tan bello monte,
    En todos los confines de la tierra!
    De tu falda, a tu cúspide bifronte,
    Toda la gama del color se encierra.
    Azul, disuelto en niebla, en la mañana;
    Violeta, si entre nubes te obscureces;
    Verde esmeralda, en luminosas tardes,
    O teñido, al crepúsculo, de grana
    Deslumbras, reverberas, incandesces,
    Y en el incendio de las nubes, ¡ardes!

    Francisco de Paula Morales (1873-1942)
    Ánforas
    Universidad Autónoma de Nuevo León,
    Monterrey, 1938 (2ª edición).

    Miércoles

    La velada del sapo

    Sentadito en la sombra
    –solemne con tu bocio exoftálmico; cruel
    (en apariencia, al menos, debido a la hinchazón
    de los párpados); frío,
    frío de repulsiva sangre fría.
    Sentadito en la sombra miras arder la lámpara.
    En torno de la luz hablamos y quizá
    uno dice tu nombre.
    (Es septiembre. Ha llovido.)
    Como por el resorte de la sorpresa, saltas
    y aquí estás ya, en medio de la conversación,
    en el centro del grito.
    ¡Con qué miedo sentimos palpitar
    el corazón desnudo
    de la noche en el campo!

    Rosario Castellanos
    Poesía no eres tú. Obra poética: 1948-1971
    FCE, México, 1972

    Jueves

    Entonces

    Si precede mi marcha a tu partida
    Para el mundo invisible del no ser,
    Y hay algo que a la muerte sobreviva
    Y queda una memoria del ayer;
    Si después de esta efímera existencia
    El espíritu flota en libertad
    Y nuestra voluntad no se doblega
    Al dominio de extraña voluntad;
    Entonces, cuando empiece de la tarde
    El crepúsculo vago a oscurecer,
    Cuando el último canto de las aves
    Se vaya entre las frondas a perder;
    Entonces bajará mi pensamiento
    Con la trémula luz crepuscular:
    Si me recuerdas, sentirás un beso;
    ¡Si me olvidaste, escucharás llorar!

    Balbino Dávalos (1866-1951)
    El Parnaso mexicano (los trovadores de México)
    Maucci Hermanos, México – Buenos Aires, 1905

    Viernes

    Lejana arquitectura

    Vejez, llévate todo; cutis terso
    donde viajaron manos persuasivas,
    ojos radiantes, lámparas votivas
    que iluminaron noches de universo.
    Llévate aquel andar que como en verso
    mis firmes piernas eran decisivas.
    Yo buscaba las cosas sustantivas
    quizá muy lejos de un afán perverso.
    Llévate de la vista mi cintura,
    dimensión increíble, lozanía,
    llévate de mis senos la blancura
    y el negro de mi pelo en armonía.
    Llévate mi lejana arquitectura.
    Pero déjame entera mi alegría.

    Abril 30 de 1994

    Griselda Álvarez (1913-2009)
    Erótica
    Universidad del Claustro de
    Sor Juana, México, 1999

    Sábado

    Carta a Jesús Arellano

    Desde hace años, Chucho,
    el corazón me rebota loco entre las sienes
    y ando por los rincones escondiendo el sollozo.
    Estreno una sonrisa cada mañana
    y pido limosna en todas las esquinas,
    porque ¿quién va a prestarme su vida,
    su amor, o su Dios?
    Tengo que comprármelos yo misma, y no me alcanza.
    Y todo esto que escondo y espero y que no llega,
    es la razón que me desangra dentro.
    A veces ocurre que de tan hambrientos
    inventamos el sueño, la esperanza…
    y mortalmente heridos, agonizamos por todos los hijos
    que se nos quedaron dentro,
    y por las palabras desquebrajadas,
    presas entre los molares apretados del miedo;
    las que luchan por sobrevivir
    y a veces se nos caen de la boca
    como un aborto ciego y doloroso.
    Algo se rompe acá dentro y pienso,
    me estoy vaciando viva.
    Todos los adioses se agolpan y me miran
    a mitad de la noche.
    Tomo mi cobija de silencio, entonces,
    y camino arrastrándola por los pasillos de la locura
    y no me muero, Chucho,
    y me siento a la orilla,
    pidiendo se me ayude a balancear mi vida,
    antes de irme
    y tiemblo y nadie escucha, huyen con espanto,
    mientras yo juego a la pelota con la muerte,
    lanzándola como pequeña brasa de una mano a otra.
    Y no me muero, Chucho, y no se muere una,
    hace sólo el ridículo con su pequeña muerte
    que es sólo una niña azorada,
    llorando por todos los que de veras mueren sin derecho.

    Enriqueta Ochoa (1928-2008)
    Retorno de Electra
    Editorial Diógenes, México, 1978

    Domingo

    Miró Celia…

    Miró Celia una rosa que en el prado
    ostentaba feliz la pompa vana
    que con aceites de carmín y grana
    bañaba alegre el rostro delicado;
    y dijo: –Goza, sin temor del Hado,
    el curso breve de tu edad lozana,
    pues no podrá la muerte de mañana
    quitarte lo que hubieres hoy gozado;
    y aunque llega la muerte presurosa
    y tu fragante vida se te aleja,
    no sientas el morir tan bella y moza:
    mira que la experiencia te aconseja
    que es fortuna morirte siendo hermosa
    y no ver el ultraje de ser vieja.

    Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695)
    Obras completas. I, Lírica personal.
    Edición, prólogo y notas de
    Alfonso Méndez Plancarte
    Fondo de Cultura Económca, México,
    1976 (Primera reimpresión).

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