Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Lunes, 14 de octubre de 2019. - Noticias sobre: Felipe Garrido

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria

     

    Lunes

    De “Elementos para un poema”

    XXVI
    Naranja es el color de la cáscara del fuego y el de la piel del caos, del plumaje del Edén que se transforma en unicornio y en espada; y también el del aura de los cuerpos que se mueven. De naranja se pinta lo que no permanece: la chispa, el incendio y la agonía. Naranja, el color, es un híbrido, como el centauro y la sirena, como el desierto que se arrastra en las alcobas, el desastre y el poema.

    Norberto de la Torre (1947)
    Tiempo es una metáfora que duele
    Editorial Universitaria (UMSNH), 2002

    Martes

    Plegaria

    Quiero ser tu foco de atención,
    prenderme cada noche
    en tu lámpara de buró.
    Quiero que me lleves
    en la linternita del bolsillo,
    me enciendas en una noche oscura
    en medio de la carretera
    o en la bocacalle de tu pecho.
    Quiero ser el foco de atención
    en el tablero de tu camioneta;
    la luz que palpita
    con insistencia en tu celular.
    Quiero ser el brillo
    cada vez que abras el refrigerador,
    y cuando calientes tu café con leche
    en el microondas.
    Que no se vaya la luz con la tormenta.
    Que no se truene el transformador.
    No me cambies por las velas
    que dejas encendidas.
    Quiero ser tu presencia eléctrica,
    Una bombilla Phillips de cien watts
    para que me enrosques,
    un cerillo del Zodiaco
    para que sostengas
    mi incendio entre tus piernas.

    II
    Soy un rompecabezas,
    las piezas perdidas bajo la silla.
    Soy la leche cortada
    en la taza de Bugs Bunny
    el juguete sin cuerda.
             Contéstame el celular,
    mándame un e-mail,
    ponme aunque sea un like,
    o esa paloma azul en el WhatsApp.
             Haz una llamada que junte mis pedazos:
    sonido que regrese piel y sangre.
    Acuérdate que una palabra tuya
                                      –en mi Iphone–
    bastará para sanar mi alma.

    Carmen Villoro (1958)
    Claro de lunes
    Taller Editorial la Casa del Mago
    Guadalajara, 2017

    Miércoles

    Qué diera yo por saber

    Qué diera yo por saber
                        qué hago aquí
    sobre este raído sofá, masturbándome,
                         con un amante ausente
    que me pega –y que amo.
    En la calle es lo mismo.
    Me duelen los hombres que me dicen
    alguna palabra creyendo que es obscena,
    son como pájaros heridos que se estrellan
    en una ventana sin cristal.
    Soy mujer fuera de época.
    Justo cuando deseaba ser locamente amada
    por un estibador, o revolcarme con un asesino
    sobre un costal de papas, decido guardar mi sexo,
    mis pechos, mis cabellos, en un cuarto a medialuna,
    y salir con la pura alma a corretear gorriones.

    Silvia Tomasa Rivera (1956)
    Poetas de una generación, 1950-1959
    Selección y prólogo de Evodio Escalante
    UNAM, México, 1988

    Jueves

    21

    Voy niño
    como por una calle abandonada
    por los ayuntamientos,
    calle de frondosa y callada memoria.
    Vengo de casa de mi madre, que me ha desconocido.
    Traigo mi hueso de marchito durazno,
    la piedra de mi nombre montada en el pecho.
    Voy niño y desde siempre, enamorado.
    Yo subo la calle poblada de piedras
    y mi corazón tiembla
    como si en la calle estuvieran muertos
    mis hermanos.

    César Aragón Lara (1966)
    Mandato del polen
    Premio Nacional de Poesía
    Tijuana 2016
    Instituto Municipal de Arte
    y Cultura de Tijuana,
    México, 2017

    Viernes

    Confesión

    Tomaste mi mano y un tibio flujo de sangre corrió por mis venas.
    No supe elegir hombres.
    Los chicos malos, los que no saben a dónde van,
    los atormentados,
    los inmaduros,
    los soñadores,
    los irresponsables, también los cobardes,
    me atrajeron como un imán.
    Mi instinto maternal me llevó a cobijarlos,
    primero con mi abrazo y después con mi falda,
    mientras las hierbas crecían bajo la piel,
    los peces volaban,
    y un antiguo navío emergía del agua.
             Tomaste mi mano y lo olvidé todo.
    Como se olvida el dolor de parto
    y el corte de un cuchillo.
    Olvidé mi sombra;
    las ausencias que llevo en el alma,
    los olores de cuerpos;
    la mano que me mece y
    el cuerpo que he mecido.
             Un viento frío,
    helado como el silencio que brota de tu boca,
    vuelto cristal
    como la manzana que cuelga del árbol,
    quedó suspendido en el aire:
    la premonición del desastre.

    Ruth Vargas Leyva (1946)
    Siete poetas jóvenes de Tijuana
    Prólogo de Jorge Ortega
    Instituto Municipal de Arte y Cultura
    de Tijuana. Directora: Haydé Zavala
    México, 2019

    Sábado

    Viaje de los cuerpos

    Los cuerpos me rozan al inicio con cierta timidez,
    después el tiempo que transcurre,
    la costumbre obligada,
    hace posible mirar, un tanto de reojo,
    las arrugas que se deslizan labradas en la piel.
             Los cuerpos se tocan con poca lascivia y
    mucha incomodidad.
             El movimiento impulsa un cuerpo contra otro,
    la piel y sudores despiden intensos aromas,
    una mirada rápida a los ojos,
    del color no me acuerdo,
    cabelleras envueltas en un tiempo sin agua.
             Y así día a día
    el vagón del metro nos mece
    mientras espero ansioso que la puerta se abra
    subir hacia la luz y palpar el propio cuerpo
    para sentir que ninguna parte del mismo
    ha sido arrebatada.

    Eduardo Mosches (1944)
    Archipiélago.
    Revista Cultural de Nuestra América,
    México, núm. 103, enero de 2019

    Domingo

    De la toma de Zacatecas

    Voy a cantar estos versos,
    de tinta tienen sus letras,
    voy a cantarles a ustedes
    la toma de Zacatecas.
             Mil novecientos catorce,
    mes de junio veintitrés,
    fue tomado Zacatecas
    entre las cinco y las seis.
             Gritaba Francisco Villa
    en la estación de Calera:
    –Vamos a darle la mano
    a don Pánfilo Natera.
             Ya tenían algunos días
    que se estaban agarrando,
    cuando llega el general
    a ver qué estaba pasando.
             Cuando llega Pancho Villa
    sus medidas fue tomando:
    a cada quien en su puesto
    los iba posesionando…
              Les decía Francisco Villa
    al frente del batallón;
    para empezar el combate
    al disparo de u cañón.
              Al disparo de un cañón,
    como lo tenían de acuerdo,
    empezó duro el combate
    por lado derecho e izquierdo.
              Les tocó atacar La Bufa
    a Villa, Urbina y Natera,
    porque allí tenía que verse
    lo bueno de su bandera…

    Anónimo
    Archipiélago.
    Revista Cultural de Nuestra América,
    México, núm. 103, enero de 2019

     

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