Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Lunes, 03 de junio de 2019. - Noticias sobre: Felipe Garrido

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

    Lunes

    Leo frente a sesenta niñas y niños

    Quizá perdí tiempo en proyectos que dan satisfacciones personales
    o por escenas propuestas, y hoy suceden
    los retos imaginados acontecen.

    Todo un espectáculo son sesenta niños frente a mí.
    Leí poemas acompañados con instrumentos
    percutivos: un triángulo, una sonaja y una cabaza
    y comenzó la función entre árboles y un lago de tortugas cerca
    y después del espectáculo comenzaron a hacer preguntas
    y preguntas muy claves:
    por qué yo decía tanto en mi poema: serpentean, serpentean…
    ¿qué me inspira a escribir?,
    ¿a qué edad comencé a escribir?,
    ¿por qué me gustan los cuentos y las poesías?,
    ¿de dónde soy yo, de qué país?,
    y que ¿cuántos años tenía?
    Y preguntaron: ¿cómo me entretenía cuando era niño?,
    y muchos niños y niñas querían preguntar al poeta
    y yo quería escuchar todas las preguntas
    y responder todas las respuestas, no hubo tiempo.
    Las niñas y niños se iban, ya era hora de regresar a la escuela;
    cuando pasaban a retirarse se acerca una niña al escenario
    me da modestamente una hoja doblada donde se lee,
    y hay un dibujo manga, un personaje que está de moda entre ellos;
    dice la dedicatoria al pie del dibujo:
    Hecho por Verónica;
    con cariño, Cinthia y Verónica, primero de secundaria.
    Era en la feria del libro de esta ciudad,
    el señor que estaba ahí era un poeta, el poeta…

    Manuel Luna (1955)
    Voladero
    Asterisco, Tijuana, 2018

    Martes

    Huelen tus dieciocho años…

    Huelen tus dieciocho años a mejorana;
    en las mejillas tienes rosas de abril,
    y en tus labios untados de miel y grana
    el engaño se oculta como un reptil.
    Tus ojos, con la piedra de la obsidiana,
    aguzan dos venablos en tu perfil.
    Y eres blanda y jugosa como la anana,
    y como el oro bella, preciosa y vil.
    Al mirar el gusano tras de la vana
    mariposa brillante de alas de añil,
    más esclava que nunca, la bestia humana
    avanza su monstruoso belfo febril,
    a tus años, que huelen a mejorana,
    a tus mejillas –frescas rosas de abril.

    Rafael López (1873-1943)
    Poesía reunida,
    Edición de Serge I. Zaïtzeff,
    Gobierno del Estado, Guanajuato, 1984

    Miércoles

    La covachita

    En el tugurio sin nombre
    el color rojo del vino
    la roja madrugada
    en la que conocí otra geometría
    el roce de otros dedos como cinco puntos suspensivos
    y el paso de otros ojos
    pisando los talones a los míos
    como una sombra: mi sombra.
    ¿Por qué o para qué?
    ¿Confundí su cuerpo con tu ausencia?
    ¿Su tacto su sudor su piel su sexo
    con el olvido tuyo?
    ¿Me equivoqué de voz de nombre de lenguaje?
    O simplemente
    perdí el tiempo y los estribos
    perdí el aliento
    perdí la memoria y el olvido
    y sobre todo
    te perdí de vista
    como se pierde la razón y la esperanza.
    Se me perdió tu amor
    en el vacío
    se me quedó olvidado en tu abandono
    en el fondo de mí
    en el calor ajeno de una noche
    y un desconocido.

    Margarita Villaseñor (1937-2011)
    En Las avenidas del cielo. Muestrario
    poético de Aguascalientes y Guanajuato
    Benjamín Valdivia, editor.
    Metepec, Estado de México, 2018

    Jueves

    E-Mail para violín

    Vez que te veo, vez que lloro de ti.
    Otras veces me alimento de tus pestañas
    y entro en tu luz. Se es hombremente hombre
    en la medida de enloquecer
    los animales, todos los animales que es uno,
    especialmente uno que es su cuerpo.
    Así las cosas, me hago vidrio hasta más allá de la
    [transparencia, ahí mismo
    te trizo, empiezo para verte por lo
    raquídeo de tu esbeltez, sigo por lo alto
    desde la nuca de tu pelo hasta la humedad. Ahí duermo,
    beso tus pies de animala trémula.
    Van 15 versos, ¿qué hago con estos 15 versos?
    ¿Los guardo para después?
    ¿Los tiro al aire contra las estrellas?
    Pienso y pienso, Dios no da para más; el juego de Él
    no da para más.
    E-mail, e-mail de viejo, ala libérrima, escríbeme esta noche
    a las tres de nunca, pasadas las aguas
    de la era de los muertos. Llámame para confirmar lo diáfano
    [del teclado.
    Vez que vengo, vez que lloro de ti.

    Gonzalo Rojas (1916-2011)
    Qedeshím Qedeshóth. Antología
    Fondo de Cultura Económica, México, 2017

    Viernes

    Desvaríos

    Entre nosotros crece la ropa en las mañanas
    se atraviesan mil veces los oficios
    nos mueven los deberes
    el futuro
    las cosas.
    Por si no fuera mucho alguien propone la medida
    para que no te vayas
    ¿dicen?
    es necesario el regateo.
    Pero tus manos son mi tiempo
    y no quiero jugar a detener la boca y los abrazos.
    Te irás más tarde
    ¿dicen?
    si encuentro la mesura
    pero deseo tu cuerpo y este día
    este preciso cielo
    la película de hoy
    la cama próxima
    tu sudor y tu piel ahora en la tarde.
    No voy a retener mis frases ni mi aliento
    no me quiero tragar ni un poco de silencio
    ni uno solo de los consentimientos.
    ¿Por qué la luz a medias?
    ¿Para que no te vayas cuando te irás?
    Nunca se mete el sol antes de tiempo
    y se pone lo mismo en días nublados.
    Yo quiero tu cobija hasta que quieras
    te doy mientras
    mis ansias, mis costumbres,
    mis ruidos, mi placer, mi desmesura,
    así no sentiré cuando te marches.

    Ángeles Mastreta (1949)
    Doscientos años de poesía mexicana
    Grupo Editorial Éxodo, México, 20

    Sábado

    En el fondo del olvido

    En el fondo el olvido es un gran simulacro
    repleto de fantasmas
    Mario Benedetti

    Como un cuadro que ha sido
    descolgado a destiempo
    y deja una marca gris en la pared vacía,
    mi cuerpo se desprende
    más allá del olvido,
    ocupa su lugar.
    Lejos del paraíso,
    donde ya no es posible
    enmascarar el sueño desencajado
    del desaparecido,
    ni blanquear la mano atormentada del delito,
    ni difamar los labios en mitad de la piedra.
    Como el escalador
    que apoya todo el cuerpo
    en los resquicios del vacío,
    paso sin ser notada
    abriendo las compuertas
    borrando los caminos,
    con la boca nodriza y los ojos ausentes.
    Rehén de la memoria,
    rememoro el olvido,
    ese gran simulacro repleto de fantasmas
    que arrastran
    su silencio
    hacia el abismo.
    Como el ilusionista
    que dibuja pañuelos en la seda del aire,
    me guardo inútilmente una paloma
    quebrada en las trincheras de la noche.

    Rosana Acquaroni (1964)
    Discordia de los dóciles
    Olifante, Tarazona, 2011

    Domingo

    Copla VIII

    Nadie puede ser dichoso,
    señora, ni desdichado,
    sino que os haya mirado.
    Porque la gloria de veros
    en ese punto se quita
    que se piensa mereceros.
    Así que, sin conoceros,
    nadie puede ser dichoso,
    señora, ni desdichado,
    sino que os haya mirado.

    Garcilaso de la Vega (1501-1536)
    Poesías castellanas completas
    Castalia, Madrid, 2010

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