Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Lunes, 16 de abril de 2018. - Noticias sobre: Felipe Garrido

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

    Lunes

    Hotel Universo

    Venía a este hotel
    a encontrarlo.
    Casi siempre llegábamos
    tras haber ido al Caudillos
    y su promoción de los miércoles:
    tres cervezas
    por dieciocho pesos.
    Al hotel no le han cambiado
    ni una toalla.
    Los pasillos
    oxidados de las esquinas
    con el tapiz como pañal del tiempo
    todavía amortiguan
    el sonido del elevador
    al desovar pasajeros
    sobre la espuma de la alfombra.
    Pero esta vez
    en la habitación
    no hay nadie
    sólo el sarro
    que da calidez
    a la tina
    y el fiel murmullo
    de la tele.
    El chico habrá salido de madrugada
    aún tibio y medio borracho
    angustiado por
    perder el camión
    rumbo a Flextronics
    donde cortará micas
    hasta las tres de la tarde,
    el mismo horario
    que le prometieron a Jesús
    y ya vimos lo que pasó.

    Sisi Rodríguez
    Antología de letras, dramaturgia, guion
    cinematográfico y lenguas indígenas
    Jóvenes creadores del FONCA
    2016 / 2017 primer periodo
    Secretaría de Cultura, México, 2017


    Martes

    Chapultepec como a las 11…

    Chapultepec como a las 11
    el pasto y los sándwiches de jamón
    la pelota que no dejaba de jugar con el viento
    y mi hermano de portero
    y mi papá beso y beso
    y mi mamá con los labios
    como primavera abriendo
    desde lo alto del castillo
    la ciudad era una geometría envuelta en ruido
    su altura de viento frío grababa recuerdos en mi corazón
    se aferraba a mí como un cachorro al algodón de azúcar
    y volaban las burbujas en el aire fantasma de mi aliento
    seres que explotaban de alegría
    nos faltaba sol
    siempre era “se está oscureciendo”
    “mañana hay escuela”
    “venimos otro día”.

    Alkaíd Martino
    Tatuajes
    Praxis, México, 2014

    Miércoles

    Nocturno

    Aquí voy en el río
    desconocida, larga.
    Y cabeceo en el viento
    como el toro,
    que en éxtasis levanta
    la llama de sus ojos,
    brillantes por la sed
    de oscuras aguas.
    Y me hundo en la noche
    como en el conocido pecho
    de mi madre,
    húmedo y sin palabras.
    Muerdo el fruto del día,
    y en el silencio voy
    como la rama
    enamorada y muda
    que danza.
    Ahí van mis sentidos
    prendidos en el vientre de la noche
    como siete cabritas
    palpitantes y fijas.
    Sola me quedo,
    junto al que se oculta
    hollando a sus creaturas.
    Entre las ramas
    flotando van estrellas
    como frutillas duras.
    Bajo este cielo, ay, todas las cosas,
    van hablando entre dientes
    solas y presurosas.
    Bajo este cielo, ay,
    me voy rendida
    como la hierba hollada.
    Y queriendo cantar,
    y sin hallar palabras.

    Dolores Castro (1920)
    Ritmo. Imaginación y crítica, núm. 23
    Colegio de Ciencias y Humanidades, México

    Jueves

    Domingo

    domingo por la mañana
    día de libertad
    pasan los globos de colores
    oigo voces alegres a mi espalda
    voces ataviadas de fiesta
    domingo
    día de lectura
    día de rondas y de flores
    día de búsqueda por el desván
    día de bodas entre mi mano derecha
    y mi pie izquierdo
    día de podar los setos del jardín
    día de contar historias a los niños
    pasan mis vecinos
    van a sus placeres en los montes
    a sus paseos en los parques
    a sus picnics sobre el pasto
    domingo domingo
    tu sol ya está alto
    tus pájaros están de viaje
    tu viento silba cargado de nostalgia
    en una atmósfera de plomo
    domingo
    pasa la carroza del fastidio
    por la calle
    y todos mis vecinos se trepan a ella
    con la sonrisa en los labios

    Sergio Mondragón (1935)
    Poesía en movimiento. México 1915-1966
    Selecciones y notas de Octavio Paz,
    Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y
    Homero Aridjis
    Siglo XXI, México, 1966

    Viernes

    De “Letanía erótica para la paz”

    Bebo en tus ojos…

    Bebo en tus ojos y en tus manos bebo,
    hueles a intensidad, como la noche,
    y en este olfato ciego sé que te pertenezco.
    Acoge mi esplendor y conviértelo en ruina,
    porque me doy entera como un día de sol,
    porque soy la constante,
    porque soy la distinta,
    porque me llenas de amor hasta las lágrimas,
    porque estamos en este mundo construido por nosotros
    por nosotros,
    porque en el lecho identificamos la muerte
    al dar vida.
    Este animal que dormía en mí en su bosque de ternura,
    este albor que me brilla por los poros,
    estos conos truncados de las frases,
    esta tu soledad urgida que se prendió en el desierto
    esperando el sonido de bocas silenciosas,
    la caricia colgada de las manos dormidas,
    el cabello hacia el viento,
    esta antorcha de tactos que nos queman los huesos,
    es el mundo de siempre
    el que estamos viviendo.

    Griselda Álvarez (1913-2009)
    Letanía erótica para la paz
    Instituto Colimense de Cultura, Colima, 1997

    Sábado

    Café Korb

    Con alguna frecuencia, en tardes
    o al anochecer, al principio de su estancia,
    el forastero llegaba al Café Korb,
    buscando que la soledad
    se quedara dos horas
    como la chamarra en el perchero,
    buscando algo que pareciera
    rumor o luz de vida, algo
    para sentirse menos solo
    en una ciudad de gente sola,
    y el mesero alto, grueso,
    amable, tomaba la orden,
    “Mire, deme…”,
    algo, algo que permitiera leer
    un ensayo, un cuento, periódicos
    del día o tal vez escribir
    el borrador del borrador de un poema
    que no conocía el inicio,
    y el mesero servía el Moka grande
    o un doble té,
    y él veía desde la mesa gente
    cruzar o leer diarios o
    quedarse como estatua o hielo,
    y pensaba, mientras leía, que cuerpos
    como los de Alejandra o Agnes tenían
    el sol que no tenía Austria,
    mientras afuera, en las calles,
    caía nieve o lluvia o bruma o
    delineaba apenas una
    delgadísima luz, y él, al bajar al baño
    y mirarse en el espejo, confirmaba que
    el pelo seguía encaneciendo o destruyéndose,
    pero qué vida (se preguntaba) empezar
    a los cuarenta, que sea realmente vida,
    y subía de nuevo para sentarse un rato
    –y las mujeres cruzaban.
    “La cuenta, por favor, sí, todo
    estuvo bien, gracias”,
    descolgar la chamarra y ponérsela,
    y salir hacia la calle
    y a la noche sin perros.

    Marco Antonio Campos (1949)
    El forastero en la Tierra (1970-2004)
    El Tucán de Virginia / Conaculta, México, 2007

    Domingo

    En paz

    Artifex vitae, artifex sut.

    Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
    porque nunca me diste ni esperanza fallida,
    ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
    porque veo, al final de mi rudo camino,
    que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
    que si extraje las mieles o las hieles de las cosas,
    fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
    cuando planté rosales coseché siempre rosas.
    …Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
    ¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
    Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
    mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
    y en cambio, tuve algunas santamente serenas…
    Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
    ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

    Amado Nervo (1870-1919)
    Poesía mexicana I, 1810-1914
    Introducción, selección y notas de José Emilio Pacheco
    Promexa, México, 1979

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