Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Domingo, 10 de febrero de 2019. - Noticias sobre: Noticias

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

    Lunes

    Canta, pájaro lejano

    En el huerto, los naranjos
    se dilatarán de pájaros,
    el azul irá cantando
    en el agua del regato…
    Por mí, pájaro lejano.
    Tú, pinar, hondo palacio,
    detendrás el viento plácido,
    el mar entrará oleando
    entre los adelfos blancos…
    Canta, pájaro lejano.
    Yo no me decido. Vago
    por la penumbra del cuarto.
    Zumba el piano cerrado,
    viven los pálidos cuartos…
    Por mí, pájaro lejano…
    (¿En qué rosal, en qué árbol?)

    Juan Ramón Jiménez (1881-1958)
    Canta, pájaro lejano
    Espasa Calpe, Madrid, 1998

    Martes

    Llueve por la ciudad…

    Llueve por la ciudad afuera y dentro
    llueve un vacío total
    llueve un silencio de cadáver
    yo al fin lejos de todo
    envuelta en la comodidad del sol
    me lluevo sin mojarme
    tomo el dedo de dios y lo desvío –violento–
    llueve
    es cierto
    llueve agua
    aquí ha llovido siempre fuego.

    Lidia Acevedo
    Condominio de poetas. Poemas
    de veinte autores
    Saúl Rosales (compilador)
    Ayuntamiento de Torreón 2000-2002
    Dirección Municipal de Cultura
    Editorial del Norte Mexicano, Torreón, 2000

    Miércoles

    Sumisión de la forma

    Yo me propuse hacia 1975 apaciguar mis gestos poner a
    reposar mis ademanes.
    Y desde aquel entonces visto un amplio blusón gris
    pantalón de mezclilla.
    Yo creo que hará un año que no cambio las aguas de los
    tres búcaros de casa: crisantemos amarillos
    jarrón con crisantemos blancos la hornacina
    con el florerito para una rosa.
    Mi mujer y yo nos desnudábamos como si en la encrucijada
    de cuatros vientos huracanados acabara de
    surgir un estrépito de caballos hacia un claro.
    Vergel, entre los cuatro vientos.
    Nuestros ademanes de amor eran un agua denudada una luz
    lívida en la miel momentánea en el ámbar
    de una cópula.
    Y me retraigo, reposo: tu mano posada en el ámbar rapado
    de mis pudendas.

    José Kozer (1940)
    En Cuadernos de La Palabra
    Universidad Veracruzana, Xalapa, 2007

    Jueves

    América mía

    A Ramón López Velarde

    Por esta América mía
    que está triste,
    triste en sus abismos
    más profundos…
    triste de llevar a cuestas
    hambre y llanto.Si en el monte escarpado
    de silencio
    se reúnen los jóvenes-niños
    si el silencio
    se rasga de repente
    es porque
    en la pradera el venado
    afila sus cuernos
    contra un árbol.

    Las liebres corren
    y se esconden
    un bandoneón gime
    la guitarra canta
    (La naturaleza se ha puesto
    de manteles largos
    y el reloj me recuerda
    la monotonía de la vida diaria.)

    En mi extravío:
    ¡el polvo de los conquistadores!
    ¡la mano y la mirada de Juárez,
    esperanza y coraje!

    Ya las enredaderas trepan
    hasta las copas frondosas,
    ya el peso vence al ahuehuete
    y al ombú.

    Por esta América mía
    que está triste…
    Desde las nieves eternas
    hasta las otras nieves.
    Desde la selva
    hasta el desierto.

    Porque llevamos escondidas
    las antenas.
    Porque la voz se apaga
    porque el viento
    apenas se atreve a entrar
    por las rendijas.

    ¡Por este polvo denso
    en que se asfixia
    la serenidad de los sentidos!

    Al pie del monte sereno
    o en medio de los jardines,
    van él y ella
    tomados de la mano.

    Porque amor es mundo
    mundo–amor
    pisoteado y herido
    como antaño.

    ¡Se rasgará el silencio
    a base de metralla!
    ¡Qué importa este amor
    que llena las entrañas!

    Los valientes van perdiendo
    a cada paso
    la fe en la mañana.
    Esa mañana
    Que no será todavía…

    Bajarán los indios
    de la montaña
    para depositar al pie
    de la misma imagen cantada
    su resignación de siglos.

    Y en la colina,
    más allá del puente,
    jugarán los niños.
    Ellos no comprenden.

    ¡Los caballos revientan los cinchos.
    La soldadera se ajusta las cananas:
    y entre nubes de vapor
    se pone la locomotora en marcha!

    América lleva en las pupilas
    una lágrima,
    aquella de sus hijos
    que imploran la paz inútilmente.
    Aquella que se funde
    con la tierra.

    Porque
    en las campiñas
    las chozas se deshacen…

    Y continúa el poeta
    en su extravío:
    Resbalará la vida por la cuesta
    se acallarán los gritos
    y bailaremos juntos
    un tango, una cueca,
    una samba o un son tamaulipeco.

    ¡Amor es mundo!
    ¡Mundo – Amor!
    ¡Ay, pisoteado y herido
    como antaño!

    Estamos ciegos
    y los héroes
    derramaron, tal vez.
    una sangre ociosa.
    Ves:
    las almas nacientes
    se envuelven en la droga.

    ¡Oh Baudelaire1
    ¡Oh paraísos artificiales!

    Por esta América mía
    que está triste
    y padece…

    Asisto y callo
    porque, a veces
    hasta el más pequeño gusano
    se siente solitario.

    Se van secando los ríos.
    Se van secando los montes
    y de estas ruinas
    van naciendo otras ruinas.

    ¡Por esta América mía
    que está triste!

    ¡Por este polvo denso
    en que se asfixia
    la serenidad de los sentidos!

    El Amazonas se desbordará
    y cubrirá la tierra toda
    y nadarán las pirañas
    y arrasarán a su paso
    con bestias y ganado.

    Ves:
    Resbalará la vida
    por la cuesta
    no bailaremos más…

    –¡Calla!
    que América entera
    soy yo.

    Y mientras haya
    al menos una flor
    un germen de flor

    una semilla que transporte el viento,
    una gota de lluvia que la riegue
    un pedazo de tierra que la acoja,

    América renacerá poderosa.

    Lucharé sin desmayo
    por esta América mía
    que está triste…

    Alicia Reyes (1940)
    América mía, Un poema
    Scripta, México, 2012

    Viernes

    La cama angosta

    Es todo lo que sé. (Que es casi nada.)
    Ella tenía una estrella entre los senos.
    O así lo veía él, porque la amaba.
    No se exigieron boletos en la entrada.
    Pues cada uno andaba en su terreno.
    Es todo lo que sé. (Que es casi nada.)
    En una cama angosta ambos quemaban
    su historia y el temor; o cuando menos
    así lo creía él, porque la amaba.
    Los dos sabían muy bien la pendejada
    que es insistir en un amor del bueno;
    es todo lo que sé. (Que es casi nada.)
    Marzo moría otra vez; y ya se daban
    café con leche mezclado con veneno.
    O así lo sentía él, porque la amaba.
    Supongamos que un día ella se enfada
    y se borra la estrella de los senos.
    ¿Qué más saben los dos? ¿No queda nada?
    Así se dolía él, porque la amaba,

    Luis Miguel Aguilar (1956)
    Vientos del siglo. Poetas mexicanos 1950-1982
    Margarito Cuéllar, Mario Meléndez,
    Luis Jorge Boone y Mijail Lamas
    UNAM / UANL, México, 2012

    Sábado

    De “Sueños apócrifos”

    IV
    Cuando te vistes, se trastoca el principio de gravedad, rechina el espejo, el asesino duda, el viajero vuelve sobre sus pasos, los animales se inquietan como si fuera a temblar.
    Es un vicio mirar cómo te vistes, parece que hicieras lo contrario.

    Saúl Juárez (1957)
    El viaje de los sentidos
    Verdehalago, México, 2000

    Domingo

    Andando por el día

    Adelantas la pierna
    Izquierda el día
    Se detiene sonríe
    Y se echa a andar ligero
    Bajo el sol detenido
    Adelantas la pierna
    Derecha el sol
    Camina más ligero
    A lo largo del día
    Varado entre los árboles
    Caminas altos senos
    Andan los árboles
    Te sigue el sol el día
    Sale a tu encuentro el cielo
    Inventa nubes súbitas

    Octubre de 1958

    Octavio Paz (1914-1998)
    Poetas de México y Latinoaméricas
    Cuadernos de la Palabra
    Universidad Veracruzana, Xalapa, 2007

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