Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Martes, 04 de agosto de 2020. - Noticias sobre: Felipe Garrido

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria

     

    Lunes

    Con motivo

    Con motivo de usted y de la luna
    del cielo azul y de los dulces ojos
    haré apotegmas contra mi fortuna
    con buena letra pero con versos cojos.
    En vez de pencil usaré el pensil
    donde florece la galana rosa
    y aromático y verde el perejil
    nefasto al loro y a la mariposa.
    Usaré del ayer y del antaño
    precedidos de un ay; ay, cuando añoro
    cosas que acontecieron este año
    y aunque nacida en provinciano rancho
    será usted mi princesa azul y oro
    como el terno de luces de Cagancho.

    Abril, 1932.

    Renato Leduc (1897-1986)
    Alcancía (1933)
    Revistas Literarias Mexicanas
    Modernas
    FCE, México, 1981

    Martes

    Balada

    Él pasó con otra;
    yo le vi pasar.
    Siempre dulce el viento
    y el camino en paz.
    ¡Y estos ojos míseros
    le vieron pasar!
    Él va amando a otra,
    por la tierra en flor.
    Ha abierto el espino;
    pasa una canción.
    ¡Y él va amando a otra
    por la tierra en flor!
    Él besó a la otra
    a orillas del mar;
    resbaló en las olas
    la luna de azahar.
    ¡Y no untó mi sangre
    la extensión del mar!
    Él irá con otra
    por la eternidad.
    Habrá cielos dulces.
    (Dios quiere callar.)
    ¡Y él irá con otra
    por la eternidad!

    Gabriela Mistral (1889-1957)
    Desolación
    En Desolación, Ternura,
    Tala, Lagar.
    Porrúa, México, 1981.

    Miércoles

    Mirarte en el espejo

    Vuelves a la ciudad que te dio origen, a las calles donde tu cordón umbilical fue enterrado, y no hallas rastro de tu linaje, sangre de tu dinastía. Perdido está el mundo que fue tuyo en sus voces de antaño. Perdida está la casa donde reíste por vez primera. A tu alrededor las ruinas crecen, los muertos se multiplican. Esos instantes donde el olvido medra sobre las tumbas de otros días. ¿Para qué llamar a cuentas al pasado si lo estás viendo al mirarte en el espejo? ¿Para qué pedirle precisión a tu memoria si nadie te exige rescatarla? Todas tus heridas están abiertas. Todos tus recuerdos a flor de piel. Sólo el dolor te concede su clemencia. Sólo el polvo bautiza tu mirada. Poco aprendiste de tu paso por el mundo, del tiempo en su venerable sordidez.

    Gabriel Trujillo Muñoz (1958)
    Sin orden ni concierto.
    Poesía vivida, 2008-2016.
    Selección anual del libro
    universitario, UABC
    Mexicali, 2016

    Jueves

    Meditaciones sobre un tema de ausencia

    Mi voz transita
    sobre la piel del viento,
    deslindando
    los cuatro puntos cardinales.
    ¿En qué sitio del sueño,
    en qué recinto de niebla moras,
    que mi voz no te toca
    ni el eco desgarrado logra sitiarte?
    Callas.
    En vano espero recostada
    a la orilla de la tarde,
    tu voz no rompe el cristal
    ni tu sombra camina
    entre mis manos.
    Huésped del silencio,
    de tanto esperar
    me he tornado flor
    de sombra y humo.
    Dirán los astros:
    lleva los ojos ardidos
    de amor lejano;
    se evade y se diluye,
    sombra de fuga
    cintura de agua.
    De mí crecen las palabras
    aéreas como lianas
    brotan ríos, germinan hogueras,
    pero todo se queda aprisionado
    –¡oh soledad, oh noche!
    ¡oh distancia!–
    en esta voz sin eco.

    Amparo Dávila (1928-2020)
    En Aurora Marya Saavedra,
    Las divinas mutantes. Carta de relación del
    itinerario de la poesía femenina en México
    UNAM, Praxis, IMC, Sogem, IPN, México, 1996

    Viernes

    Beso

    ¡Qué sola estabas por dentro!
    Cuando me asomé a tus labios
    un rojo túnel de sangre
    oscuro y triste se hundía
    hasta el final de tu alma.
    Cuando penetró mi beso,
    su calor y su luz daban
    temblores y sobresaltos
    a tu carne sorprendida.
    Desde entonces los caminos
    que conducen a tu alma
    no quieres que estén desiertos.
    ¡Cuántas flechas, peces, pájaros,
    cuántas caricias y besos!

    Manuel Altolaguirre (1905-1959)
    Soledades juntas.
    Plutarco, Madrid, 1931

    Sábado

    Estampa antigua

    No cantaré tus costados, pálidos y divinos que descubres con elegancia; ni ese seno que en los azares del amor se liberta de los velos tenues; ni los ojos, grises o zarcos, que entornas, púdicos; sino el enlazar tu brazo al mío, por la calle cuando los astros en el barrio nos miran con picardía, a ti linda ramera, y a mí, viejo libertino.

    Julio Torri (1889-1970)
    El ladrón de ataúdes.
    Prólogo de Jaime García Terrés.
    Recopilación y estudio preliminar
    de Serge I. Zaïtzeff.
    FCE, México, 1987.

    Domingo

    Padre

    Tu boca se llenó de vacío
    y fuiste un latido roto
    en la boca de Dios.
    Masticaste palabras
    para defender tu tierra,
    tu agua, tu monte,
    pero el despojo no tiene oídos,
    es un animal viejo
    que nunca duerme.
    Ese día conociste la cara del dolor,
    de la rabia.
    Yo sueño muchos sueños, repetías,
    y he visto al venado
    correr frente a mí;
    está herido y gime de dolor,
    lo hirió un hombre
    sin rostro.


    Paa

    Yu’uku tsitu iyu
    ra ntsa’ ùn in ka’mà niì chancha,
    yu’u chàa ìì.
    Sanchii tu’un
    tsito ñu’ úku,
    chikuiku, tsikiku,
    kue’e xita koo anga so’o,
    kue’e xita kiti ña nii
    kue’e xita miki kusu.
    In kii kunchee nùù ntó’o nivi,
    saá.
    Yu tsáni kuá’á tsáni, kachi paa
    ra yu kunchee isu
    sketa xikua mee ntuchinuu,
    isu anga chì’maso ra kuaku tutsi,
    ntutsì in chàa
    koi nùù.

    Hace mucho salía un venado, allá en el monte. Los antiguos seguían sus pisadas, año con año, porque el venado salía cada año. Dicen los más grandes, tío Chelo y papá Neto, que sus padres iban con el venado montaña arriba, duraban varios días allá y regresaban con una mirada diferente, como si fueran otros hombres, y entonces a la comunidad le iba bien. Yo nunca fui, tampoco mi papá. Dicen que los hombres dejaron de ir cuando llegó la carretera. Ya nadie iba a buscar al venado, preferían vender comida o agua para los que trabajaban en el camino, así aprendieron el español. Ahora ya casi nadie habla nuestra lengua, ya casi nadie sigue el camino del venado. Así cuentan los antiguos. Yo creo que aquí donde estamos ahora jamás vamos a ver al venado, estamos muy lejos del pueblo, pero te cuento todo esto para que no olvides de dónde venimos ni lo que se contaba de nosotros. Para que no olvides que antes hablábamos el idioma de las grietas y de los pájaros, que antes éramos verdaderos. Es difícil ver al venado, sobre todo ahora, pero si un día lo ves, porque dicen que a veces se aparece, síguelo.

    Palabras de mi padre, contadas en español. Mayo de 1998, San Quintín, Baja California.

    Nadia López García (1992)
    Isu ichi. El camino del venado
    UNAM, México, 2019.

     

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