Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Lunes, 11 de mayo de 2020. - Noticias sobre: Felipe Garrido

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria

     

    Lunes

    Los dados eternos

    Para Manuel González Prada, esta emoción
    bravía y selecta, una de las que, con más
    entusiasmo, me ha aplaudido el gran maestro.

    Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
    me pesa haber tomádote tu pan;
    pero este pobre barro pensativo
    no es costa fermentada en tu costado:
    tú no tienes Marías que se van!
    Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
    Hoy supieras ser Dios;
    pero tú, que estuviste siempre bien,
    no sientes nada de tu creación.
    Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!
    Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
    como en un condenado,
    Dios mío, prenderás todas tus velas,
    y jugaremos con el viejo dado…
    Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
    del universo todo,
    surgirán las ojeras de la Muerte,
    como dos ases fúnebres de lodo.
    Dios mío, y esta noche sorda, oscura,
    ya no podrás jugar, porque la Tierra
    es un dado roído y ya redondo
    a fuerza de rodar a la aventura,
    que no puede parar sino en un hueco,
    en el hueco de inmensa sepultura.

    César Vallejo (1892-1938)
    Los heraldos negros (1918)
    Losada, Buenos Aires, 1961

    Martes

    La luz del llano

    I
    Es un azogue
    contra la punta de los árboles y las colinas
    contra el agua estancada y el camaleón sobre la piedra.
    La vista se humilla ante la mañana.
    Al cenit
    las brevas y el eucalipto
    se duelen de ese tajo inmóvil.
    El resguardo es una imprecación buscando la tregua.

    II
    Aguda llama contra el día.
    Traza un círculo el ave y se detiene
    incendia el árbol con su aleteo:
    es un trino que gravita en los ojos.
    Lanza su fulgor contra la devastación del cielo
    y se ahoga en la lejanía.

    III
    Al filo de una luz decisiva
    suelta su despectivo murmullo.
    A golpes ciegos acuchilla los matorrales
    les remueve la entraña
    y pasa por los pómulos con su torva caricia.
    Perseguidor riguroso del viento
    el parco azul
    restaña el paisaje.

    IV
    Ánimas enardecidas las tolvaneras.
    Los tordos son un incierto flagelo para el sol
    y la mirada se traba en el crepúsculo.
    Las nubes evaden a sus púrpuras de la noche
    y la noche irritable se lanza al acoso.

    V
    Aires de encurtidos y mosto.
    Leche fermentada y cera.
    Uva enjuta para el vino.
    Las especias acendradas.
    El cerdo criado para envinagrarlo.
    El buey sacrificado para la ternera
    y la fruta frágil en los almíbares.
    Norias que vibran con el sosiego del día
    y la luna total.

    Alejandro Sandoval (1957)
    La llama y el torrente
    El Tucán de Virginia,
    México, 2000

    Miércoles

    Inicia, pues, tareas menores…

    Inicia, pues, tareas menores. Sirenas,
    más infidentes que altos cirrus inspirarán tu canto.
    Muere poco a poco sobre el muro; a la vista
    los bien cebados cuervos; pero no gimas,
    pisa quedo remordimientos y lamentaciones.
    De la malicia, pureza de intención extrae.
    Torna abeja a manotazos, ríos; suma insólita
    Pellejos del instante; apresura, si lo puedes,
    Pasos en lluvias iniciales. Seas tú quien
    has de humedecerlas inéditos corpiños,
    encuclillaras a la vera de hermosas trajineras,
    conmemorarles cálidos pezones de naranja.
    Inicia terrenal viajero el ejercicio,
    te lo dictan gaviotas con buenos sentimientos,
    carrozas con pajizas salomés ombligando.
    Peor aún que maullido el clarinete
    pero pronto empiézate a morir. Luna fría
    echada sobre melancolías antes fuego;
    hoy billete maniqueo. Avanza, cata
    polvos húmedos, rinde homenaje
    al cielo en tenebrosa pústula; así
    cosa sabida ante los deslumbramientos.
    Si bien escucharas estas letras, acabarías
    azotando alegres batientes. Pisarías
    empeñoso caminante fuego y ruta: ambos
    concederían a tus huellas azufres vetustos.
    Si murieras antes de tiempo, farol en pie,
    aprenderías ofertorios cinéricos, mascaradas,
    y la importancia de arrancar pronto, pálido
    el semblante, hacia mingitorios del destino.

    Carlos Illescas (1918-1998)
    Modesta contribución al
    arte de la fuga.
    UNAM, Gobierno del estado
    de Jalisco, México, 1988.

    Jueves

    El castigo es la palabra,
    arrástrala una y otra vez hasta la cima del poema,
    que después se derrumba.
    La piedra tiene una irremediable inclinación por el abismo,
    el abismo que siempre, también, se oculta en el zapato.


    En el viejo mapa el abrazo fugaz de los cerillos,
    el delicado perfume de la palabra olvido
    y de tres palabras más que no recuerdo,
    el olor también de la creolina.
    Todo esto pasó hace mucho tiempo cuando el mapa
    y un fuego fatuo en el desierto.
    Sé que acomodé las piezas de la casa en el ropero
    y que la historia que ahora cuento
    no es para guardar memoria,
    o una gota de sal en la piel de la noche.
    Nada más un viernes para decir que no,
    que nadie pueda armar otra vez la gota de agua.

    Norberto de la Torre (1947)
    El arte del tropiezo.
    Secretaría de Cultura de San Luis
    Potosí, San Luis Potosí, 2016

    Viernes

    Fase folicular

    El nacimiento de la palabra no está en la lengua, sino en la entraña. Escapa de los ovarios para engendrarse en el cuerpo que está atado a mi sombra: una silueta negra que me imita, pero no me permite ver quién soy.
    –Priscila, las sombras son palabras.
    No, las palabras son células muertas; son el cabello que cuelga de mi cráneo y crecen como rosales trepadores hasta tocar los planetas en el espacio.
    –Del otro lado de la palabra tampoco hay nadie.
    Y entonces, si no estoy en las palabras ¿en dónde estoy?
    Si digo sufrir ¿sufro?
    Si digo vivir ¿vivo?
    Si digo mujer ¿existo?
    Si digo Priscila ¿soy?
    El lenguaje es la muerte. La entraña es vida. Escribir es un ciclo entre ciclos donde aquello que engendré culmina en un charco de sangre seco.

    Priscila Palomares (1994)
    Ecografías
    Conarte, México, 2019

    Sábado

    Rápido

    Rápido
    Más rápido
    Todo tiene que ser rápido
    Ahora
    Hoy
    Siempre
    Rápido
    Más rápido
    Un minuto
    Un segundo
    Rápido
    Más rápido
    Piensa rápido
    Hazlo rápido
    Vive rápido
    Reacciona rápido
    Debe ser rápido
    Más rápido
    No hay tiempo
    Rápido
    Produce rápido
    Compra rápido
    Desperdicia rápido
    Y por favor
    Apresúrate
    Muere rápido

    Fernando Díaz Cid (1969)
    Paroxismo sutil
    Trajín, México, 2019

    Domingo

    Mudanza

    encerrado en el tsuru de mi padre
    pongo mis manos en el volante
    tal vez no entienda nada
    pero sé conducir un auto estacionado
    a través del parabrisas
    veo el camión de mudanza con su marcha fría
    llevándose los problemas de mis padres
    las lámparas que ya no soportan la luz
    en la familia ocurren cosas
    mucho más importantes
    como para prestar atención
    al niño que no alcanza el freno
    hora de bajarse de ahí
    no hay tiempo para tus niñerías

    Luis Lugo (1985)
    Restaurante Bar familiar
    Tierra Adentro, FCE, México, 2019

     

    • • Noticias
    • • Multimedia
    • Ingresar

      Ingresar

      Usuario
      Password *
      Recordarme

    Ubicación

    Iztaccíhuatl # 10
    Colonia Florida, alcaldía Álvaro Obregón, 01030, Ciudad de México
    Conmutador: (+52 55) 5208 2526
    Correo electrónico: contacto@academia.org.mx

    La publicación de este sitio electrónico ha sido posible gracias al apoyo de:

     logo sep chlogo fproacademia