Entre el misticismo y la mundanidad: la Academia rindió homenaje a Amado Nervo

    Viernes, 24 de mayo de 2019. - Noticias sobre: Noticias

    Entre el misticismo y la mundanidad: la Academia rindió homenaje a Amado Nervo

    A las 19 horas del jueves 23 de mayo el director de la corporación, Gonzalo Celorio, dio inicio al homenaje a Amado Nervo en la Capilla Alfonsina en compañía de colegas académicos y lectores del poeta nayarita que fuera miembro correspondiente de la Academia. En el presidio estuvo acompañado por Adolfo Castañón, Felipe Garrido y Tarsicio Herrera.

    Castañón recordó los primeros versos de “La raza de bronce”, que Nervo leyó en la Cámara de Diputados el 19 de julio de 1902 ante Porfirio Díaz:

    Señor, deja que diga la gloria de tu raza,
    la gloria de los hombres de bronce, cuya maza
    melló de tantos yelmos y escudos la osadía:
    ¡oh caballeros tigres!, ¡oh caballeros leones!,
    ¡oh caballeros águilas!, ¡os traigo mis canciones!;
    ¡oh enorme raza muerta!, ¡te traigo mi elegía!

    “Amado Nervo era un virtuoso del verso y de la métrica: endecasílabos, estribillos, sonetos, décimas, versos aconsonantados, de arte mayor y de arte menor, letanías, quintillas, canciones, versos para zarzuelas, composiciones improvisadas en corridas de toros según advirtieron Juan Ramón Jiménez, Federico de Onís y Tomás Navarro Tomás. Como Lope de Vega, era un virtuoso sensible a su público”. Nervo, agregó, fue un poeta que alternaba el misticismo con la mundanidad, como demuestra el registro que se tiene de él en tertulias, ceremonias civiles, funciones teatrales, banquetes políticos y embajadas. 

    Por su parte, Felipe Garrido relató un encuentro para la promoción de la lectura que sostuvo recientemente cuyo tema fue precisamente la obra de Nervo, donde incitó a los jóvenes a releer dos de sus libros fundamentales: El bachiller (1895), la novela que le dio inmediato renombre, y en la que se narran las vicisitudes de un joven entregado a la contemplación y tentado por el amor de una mujer; y por otro lado, Garrido hizo hincapié en el libro tardío La amada inmóvil, en el cual Nervo desgrana su lirismo alrededor de la muerte de Ana Dailliez, su pareja por diez años, en una serie de poemas influidos por el teosofismo y el cristianismo.

    Para concluir, Tarsicio Herrera interpretó cerca de una docena de canciones con letras de Amado Nervo.

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