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ACADEMIA MEXICANA DE LA LENGUA

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Resultados sobre el término caballo

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    1. caballo
      s.m. 1. Cuadrúpedo que se usa para montar o como animal de carga: La hembra del caballo es la yegua. 2. Pieza del ajedrez: Los movimientos del caballo son en forma de L. 3. Carta de la baraja española que representa a una persona montada en este animal: Gané con el caballo de oros. 4. Aparato de gimnasia con cuatro patas sobre las que se apoya una barra: Sus ejercicios en el caballo son brillantes. || a caballo loc. Entre dos cosas: Ese artista vivió a caballo entre la pintura y la poesía.

    2. caballo
      a caballo de buena sangre, no le importa el terreno (f. 41).
      Refrán ranchero que significa lo que enuncia. Tiene el mismo sentido paremiológico que refranes como “el que es gallo dondequiera canta”. Se usa para sancionar situaciones en que alguien pone muchas condiciones para hacer algo. Tiene la forma de una sentencia casuística. Su origen hay que buscarlo en el mundo de la equitación.

    3. caballo
      a caballo palpado, nunca lo montes confiado (f. 48).
      Refrán que dice lo que enuncia. Se aplica a quien, por la circunstancia que sea, ha quedado receloso. Tiene la forma de un consejo. Forma parte de los refranes usuales en los universos mexicanos de la charrería o el rancho. La primera de las dos partes de que consta indica las circunstancias, la segunda el consejo. Hay rima consonante entre el primero y segundo hemistiquios. Variante: “al caballo palpado, nunca lo montes confiado” (f. 49, 90 y 116).

    4. caballo
      a caballo que rabea, ningún charro lo desea (f. 105).
      Refrán proveniente del mundo de la charrería que significa lo que enuncia. En sentido paremiológico se usa para sancionar situaciones de individuos muy quisquillosos. “Rabear” es una forma ranchera del verbo “rabiar”. El refrán tiene la forma de una sentencia casuística en dos hemistiquios octosílabos con rima consonante. Variante: “caballo que ha dado en rabear, nadie lo quiere montar” (f. 49).

    5. caballo
      a gran caballo, grandes espuelas (f. 66, 90 y 132).
      Refrán que se atiene al tópico homeopático de que similia cum similibus coniunguntur. Como la causa tiene que estar proporcionada al efecto, así el instrumento tiene que estar proporcionado a su función. Este tópico subyace no sólo al presente refrán sino a refranes como “a grandes males, grandes remedios”.

    6. caballo
      a quien monta caballo bayo, o se le juye la mujer o lo mata un rayo (f. 49, 90 y 131).
      Dicho cuyo sentido literal coincide con lo enunciado. Expresa la convicción arbitraria y contradictoria en el Refranero mexicano de que es muy mala cosa montar un caballo de color bayo. El refrán anuncia irracionalmente una serie de calamidades a quien monta un caballo bayo. Forma parte, en efecto, de las supersticiones que circulan y que están muy arraigadas en el mundo de la charrería. Como circulan las contrarias en el mismo refranero que asientan, por ejemplo, que el bayo es un buen caballo o que abundan los caballos de color bayo, como en la variante: “caballo bayo, doquiera lo hallo” (f. 105). La forma “juye” forma parte de la pronunciación vigente en el español culto del siglo XVI que se conservó, sobre todo, en el habla ranchera mexicana. Hay rima consonante entre la prótasis y la apódosis. Variantes: “a quien monta caballo bayo, se le juye la mujer o lo mata un rayo” (f. 48); “al que monta caballo bayo, que lo engañe su mujer o que lo parta un rayo” (f. 116); “al que anda en caballo bayo, o le roban la mujer o acaso lo parte un rayo” (f. 105).

    7. caballo
      a quien tiene caballo le ofrecen silla (f. 49).
      Refrán de origen ranchero que expresa el aparente contrasentido social de que a quien tiene se le da más y a quien no tiene, no. El sentido paremiológico del refrán, según Rubio, es que “al que tiene qué dar, se encuentra en estado de merecer”. Consiste, en todo caso, en una adaptación ranchera del dicho evangélico de que “a quien tiene se le dará, y tendrá de sobra; pero al que no tiene, aún aquello que tiene se le quitará” (Mt. 13: 12). El refrán combate el tópico general de que es a quien no tiene a quien hay que dar. Se usa en situaciones en que se da u ofrece algo a quien ya tiene. Está estructurado en forma de una sentencia en dos hemistiquios –heptasílabo y pentasílabo– sin rima entre sí. Como en todos los refranes de este tipo, el primer miembro, o prótasis, explicita las situaciones sancionadas por el segundo, o apódosis. Rubio lo recoge en esta variante: “al que le ven caballo, le ofrecen silla” (f. 90 y 116). Y Luis M. Rivera en su refranero Origen y significación de algunas frases, locuciones, refranes... lo recoge en la siguiente manera: “al que le ven caballo le dan caballo; y al que no, de caballazos” (f. 98). El mismo Rubio lo recoge en esta forma: “al que tiene caballo, todos le dan caballo” (f. 116). Finalmente, “al que tiene caballo, todos le dan caballo”.

    8. caballo
      al caballo, antes de exigirle el paso, hay que darle de comer (f. 12).
      Dicho que expresa lo que enuncia. Su carácter paremiológico es dudoso.

    9. caballo
      al caballo, con la rienda, a la mujer, con la espuela (f. 116).Refrán que expresa el trato que, a juicio de cierta clase social, ha de darse a la mujer. Se toma como ejemplo base para argumentar el trato que se ha de dar a la mujer, el trato al caballo. De los dos símbolos de dominio –la rienda y las espuelas– que se asumen análogos, la espuela es más ruda, cruel y dolorosa: el refrán expresa, por tanto, una idea de la relación hombre-mujer posiblemente ranchera y, en todo caso, ofensiva. Está estructurado a la manera de los refranes mal-remedio. Variante: “al caballo, con la rienda, y a la mujer, con la espuela” (f. 35 y 90).

    10. caballo
      al caballo y al amigo, no hay que cansarlos (f. 12).
      Refrán que dice lo que enuncia. Se usa en situaciones de impertinencia para con algún amigo a fin de indicar que no hay que abusar de quienes nos son cercanos por amistad. El refrán tiene la forma de un consejo del tipo “no hay que” cuyos extremos “caballo” y “cansar” se corresponden y constituyen una estructura argumentativa que sustenta el postulado central del consejo: no hay que cansar al amigo. El argumento del refrán, por tanto, dice que no hay que cansar al amigo de la misma manera que no hay que cansar al caballo. La razón es que un caballo cansado no sirve.

    11. caballo
      arriba ya del caballo, hay que aguantar los reparos (f. 105 y 116).
      Refrán que expresa que la realidad es como es y, cuando ya se la vive, sólo queda afrontarla. La vida es asumida por el refrán como un montar a caballo: una vez arriba de él sólo queda tenerse firme. Se aplica cuando alguien está en problemas para decirle que se aguante. Tiene la forma de una sentencia casuística en dos hemistiquios octosílabos con rima asonante. El primero de ellos, como la mayor parte de los refranes tradicionales ya de “que”, ya condicionales –si, cuando, de que, en cuasiablativo absoluto–, ya circunstanciales, describe el caso; el segundo miembro, en cambio, determina la sanción. Los refranes que utilizan el montar a caballo como paradigma de la vida humana suelen ser de origen y uso rancheros. Variante: “arriba ya en el caballo, hay que aguantar los reparos” (f. 90).

    12. caballo
      caballo alazán tostado, primero muerto que cansado (f. 106).
      Dicho que expresa una opinión sobre los caballos de ese color. Aquí se dice del alazán tostado que es un excelente caballo. En realidad, como se puede ver por otros dichos sobre colores de caballos, se trata de opiniones arbitrarias y expresan la opinión personal sobre ellos. Otros dichos de esta serie dicen, por ejemplo, “alazán, si te lo dan; tostado, ni dado” o bien “alazán tostado, siempre colgado”. En suma, que el alazán tostado es un mal caballo. Apenas si cabe en él un sentido paremiológico y se usa, por tanto, sólo en sentido denotativo. Tiene la forma de una sentencia casuística.

    13. caballo
      caballo alazán y gente de Zacatlán, ni dados, si te los dan (f. 35, 90 y 116).
      Dicho que en sentido literal une la mala opinión que a algunos les merecen los caballos de pelo alazán o color canela con la que se tiene de la gente de Zacatlán: ni dados. Sentencia casuística trimembre cuyos dos primeros miembros describen puntualmente los casos sentenciados en el tercero. Su nivel paremiológico es estrictamente literal. Los tres miembros tienen rima consonante y constan, respectivamente, de siete, ocho y ocho sílabas.

    14. caballo
      caballo anca de pollo, al hoyo (f. 105).
      Dicho de charros que dice lo que enuncia. Su sentido paremiológico es siempre el literal. El mundo de la charrería tiene una serie de rasgos y prejuicios sobre los rasgos externos y físicos de los caballos sobre los que cifran sus preferencias. Está formulado a manera de sentencia casuística cuyo primer hemistiquio, sin sinalefa, es un octosílabo que rima con el segundo, que en forma lapidaria y sentenciosa expresa la sanción.

    15. caballo
      caballo blanco, ojalá cojo o manco (f. 35, 90 y 116).
      Dicho del mundo ranchero que expresa que el caballo blanco “no sirve para nada”, según dice Rubio. Paremiológicamente sólo funciona en sentido literal, aunque también puede usarse para expresar algún complejo racial. En todo caso, la sentencia o sanción expresada en el segundo hemistiquio está construida en función de la rima con el primo y sólo tiene sentido a causa de ella. Desde luego, forma parte de los dichos arbitrarios que, en forma de sentencias casuísticas, circulan en el mundo de la charrería sobre los colores de los caballos.

    16. caballo
      caballo blanco, sólo de lejos, pues que montarlo, los muy pendejos (f. 116).
      Dicho del mundo ranchero que expresa, como el dicho equivalente, arriba comentado, “caballo blanco, ojalá cojo o manco”, que el caballo de ese color “no sirve para nada”. Según dice Rubio, ambos refranes son equivalentes. También éste, paremiológicamente, sólo funciona en sentido literal que, por lo demás, es mucho más expresivo. La rima del dicho –una sentencia casuística– está fincada en una correlación muy usada como rima en el Refranero mexicano entre “de lejos” y “pendejos”. En todo caso, la sentencia o sanción expresada en el segundo hemistiquio está construida, también aquí, en función de la rima con el primo, aunque refuerce el consejo que ya se da en el primer hemistiquio: “sólo de lejos”. Desde luego, también éste forma parte de los dichos arbitrarios que, en forma de sentencias casuísticas, circulan en el mundo de la charrería sobre los colores de los caballos.

    17. caballo
      caballo chiquito, siempre potrito (f. 12 y 116).
      Dicho que dice lo que enuncia. Tiene el mismo sentido y funcionamiento paremiológico que “burrito chiquito, siempre mocito”. También aquí, el principal valor paremiológico del dicho es de tipo acústico y puede funcionar como una exclamación. Tiene la forma de una sentencia casuística y se usa, en todo caso, para menospreciar la condición de alguien tachándolo de “caballo chiquito”. Está estructurado en forma de dos hemistiquios con rima consonante. Variante: “caballo chiquito, siempre potrillo” (f. 90).

    18. caballo
      caballo cola parada, no es bueno para la charreada (f. 105).
      Dicho de charros que, en forma de sentencia casuística, dice lo que enuncia. Rima consonante entre el primero y el segundo hemistiquios, que en sus orígenes debieron ser ambos octosílabos y la forma del refrán debió haber sido: “caballo cola parada, no es bueno pa' la charreada”, más propio del hablar ranchero en cuyo universo se usa. La forma recogida en este refranero, por tanto, parece secundaria.

    19. caballo
      caballo de buena andanza, ni suda ni cansa (f. 105).
      Dicho ranchero que significa lo que enuncia. Parte del supuesto de que es muy agradable cabalgar un caballo de buen andar porque “ni suda ni cansa”. Tiene la forma de una sentencia casuística cuyo primer hemistiquio describe, como de costumbre, el caso y el segundo lo sanciona: hay rima consonante entre los dos que, de hecho, el refrán recurre al vocablo antiguo “andanza” en el sentido de “andada” para que rime con “ni suda ni cansa”, que es lo que el refrán quiere decir.

    20. caballo
      caballo de crin grandota y hombre de mucho bigote, matalotes (f. 66, 90 y 132).
      El refrán equipara al caballo de crin grandota o tupida con el hombre con mucho o poco bigote: ambos son matalotes, vocablo con que se designa al caballo inútil, torpe, haragán y de pura apariencia. Por lo general, se aplica para calificar como de mala calidad o “matalote” al individuo cuyo porte es pura apariencia. En el asunto del bigote, el refranero no se decide si el hombre matalote tiene mucho o poco bigote: las variantes del refrán dan las dos posibilidades. La semiótica social, pues, no es muy exacta. El refrán tiene la forma de un diagnóstico. El refrán tiene tres partes: las dos primeras expresan los síntomas en sendos octosílabos, la tercera es el diagnóstico. Hay rima consonante entre el último síntoma y el diagnóstico. Variantes: “caballo de mucha crin y hombre de mucho bigote, matalote” (f. 106); “caballo de mucha crin y hombre de poco bigote, matalote” (f. 35 y 116).

    21. caballo
      caballo de pobre, pobre caballo (f. 105).
      Refrán popular que significa lo que enuncia. Se refiere al hecho de que un caballo de pobre está a la vez que mal comido sobretrabajado. Apenas tiene un uso paremiológico más allá del sentido literal; en todo caso, sanciona situaciones de pobreza, mala alimentación y sobreexplotación no sólo de caballos. Otro refrán con el mismo sentido paremiológico es “perro de rico, rico perro; perro de pobre, pobre perro”. Formalmente, es un refrán entre sentencioso y exclamativo construido sobre una estructura quiástica “caballo” + “pobre”, “pobre” + “caballo” en donde la nota de la pobreza queda enmarcada por el caballo.

    22. caballo
      caballo de rico, rico caballo (f. 90 y 116).
      Mutatis mutandis, es análogo a “caballo de pobre, pobre caballo” del que parece una paráfrasis; lo dicho allí, en todo caso, vale aquí. Este refrán es totalmente secundario, empero, con respecto al del caballo de pobre: la posible exclamación “rico caballo” carece de espontaneidad y suena mal. En este caso, parece como si la estructura quiástica hubiera determinado los términos del refrán.

    23. caballo
      caballo emballestado, ni regalado (f. 49).
      Refrán ranchero que dice que un caballo que ha contraído la emballestadura no sirve. Se trata de una enfermedad propia de los caballos que, según Santamaría, “consiste en una debilidad de las manos, que le hace traerlas dobladas sacando las rodillas hacia delante. Tales bestias son peligrosas de montar, porque tropiezan a menudo y llegan a caer”. El refrán tiene la forma de una sentencia casuística en dos hemistiquios con rima consonante.

    24. caballo
      caballo entero, en el cancel o en el potrero (f. 49).
      Refrán ranchero que dice lo que enuncia. Se refiere al hecho de que un caballo sin castrar no es un caballo para el uso cotidiano. Tiene la forma de una sentencia casuística con rima consonante en los dos hemistiquios.

    25. caballo
      caballo grande y hobachón, por lo regular trotón (f. 49).
      Dicho ranchero que dice lo que enuncia. Rima consonante entre el primero y segundo hemistiquios.

    26. caballo
      caballo grullo o flor de durazno, mejor asno (f. 90 y 116).
      Dicho ranchero que dice lo que enuncia. Se usa en sentido literal. Forma parte de las opiniones que en el mundo de la charrería hay sobre los colores de los caballos. En refranes como éstos el uso paremiológico depende del sentido literal. Tiene la forma de una sentencia casuística cuyos dos hemistiquios tienen entre sí una rima consonante.

    27. caballo
      caballo mal arrendado, ni regalado (f. 90, 105 y 116).
      Refrán ranchero que significa, según Rubio, “que el caballo que tiene mala boca, que no obedece bien la rienda, no debe admitirse ni aun cuando sea regalado, por ser muy peligroso”. El refrán registra una acepción de “arrendar” documentada, por lo demás, en la novelística hispánica contemporánea tanto en el sentido de atar por las riendas un caballo para dirigirlo como en el sentido de enseñar al caballo a que obedezca a la rienda. Un caballo mal arrendado es, pues, un caballo mal acostumbrado a obedecer la rienda. Sentencia casuística cuyos hemistiquios riman con rima consonante.

    28. caballo
      caballo moro, ni de oro; y si es de cabeza prieta, pura cajeta (f. 116).
      De nuevo los colores de los caballos que se atienen, como queda señalado, al dicho de que “en gustos se rompen géneros”. Este refrán ranchero, como todos los de caballos de este refranero, dice lo que enuncia, su uso paremiológico se restringe a su sentido literal. Cabe notar la expresión “pura cajeta” usada en México para decir que algo es excelente. El refrán, pues, rechaza el caballo de color negro con una estrella blanca en la frente y calzado de una o dos extremidades, aunque exalta el caballo moro de cabeza prieta. Formalmente el refrán está constituido por una doble sentencia casuística: cada miembro es, en efecto, una sentencia cuyos hemistiquios se relacionan entre sí mediante rima consonante. Variantes: “caballo moro, casi un tesoro” (f. 116); “caballo moro, ni de oro” (f. 90, 106 y 116); “moro, ni de oro” (f. 105).

    29. caballo
      caballo o yegua, monta en parte media; jumento o mulo, monta junto al culo (f. 66)
      Refrán ranchero que dice lo que enuncia y cuyo uso paremiológico se reduce a su sentido literal. Formalmente, el refrán está constituido por una doble sentencia casuística en que cada uno de los dos miembros es, en efecto, una sentencia casuística. En el segundo de ellos hay, entre los hemistiquios de que consta la sentencia, una rima consonante.

    30. caballo
      caballo que cambia de manos, cambia de valor (f. 90 y 116).
      Dicho sentencioso que dice lo que enuncia en el sentido de que un caballo en manos de alguien que no conoce sus cualidades, desmerece.

    31. caballo
      caballo que llene las piernas, gallo que llene la mano y mujer que llene los brazos (f. 105).
      Refrán ranchero que dice lo que enuncia. La comparación de la mujer con un caballo y con un gallo forma parte de las concepciones rancheras en que la mujer es colocada en el mismo nivel de una propiedad. En el Refranero mexicano, por lo demás, frecuentemente se da alguna comparación entre la conducta hacia la mujer y hacia el caballo. El refrán tiene la forma de un listado de cosas con sus rasgos o, si se quiere, una receta que consta de tres miembros bajo la estructura N + “que llene” + parte del cuerpo, en donde N es sustituido, respectivamente, por “caballo”, “gallo” y “mujer”. Variantes: “caballo que llene las piernas, gallo que llene las manos y mujer que llene los brazos” (f. 49 y 116); “caballo que llene las piernas, mujer que llene los brazos y gallo que llene las manos” (f. 66, 70, 90 y 132); “caballo que llene las piernas, mujer que llene los brazos” (f. 12).

    32. caballo
      caballo que no jala de punta, pa' la yunta (f. 48, 50 y 90).
      Refrán ranchero que en forma de una sentencia casuística dice lo que enuncia. Su uso paremiológico, empero, más allá de su sentido literal, está fincado en el polisémico sentido que en México se da a la frase “no jala”. Tiene la forma de una sentencia casuística en dos hemistiquios con rima consonante. Variante: “el caballo que no jala de punta, pa' la yunta” (f. 49).

    33. caballo
      caballo que no raya, que se vaya (f. 48, 50 y 90)
      Dicho del mundo de la charrería que significa lo que enuncia. “Rayar”, referido a caballos, significa la suerte de sentar al caballo sobre los cuartos traseros, como dice Santamaría, y cambiarlo, con un ágil movimiento de las riendas, arrancándolo antes o haciéndolo partir con violencia. Según Santamaría, “es prueba propia de los buenos jinetes; hacer parada en firme”. El refrán, pues, dice que un caballo que no sirva para hacer eso, “que se vaya”. Nada más. Tiene la forma de una sanción en que, desde luego, tiene lugar una personificación del caballo: no se puede pedir, en efecto, a un caballo que se vaya. Esta sanción es sólo una exigencia de la rima consonante que relaciona los dos hemistiquios de que consta. Variantes: “el caballo que no raya, que se vaya”(f. 49); “el caballo que no raya, que se vaya, y el que no hala de punta, para la yunta” (f. 105); “el caballo que no raya, que se vaya, y el que no jala de puntas, pa' las yuntas” (f. 116).

    34. caballo
      caballo que se revuelca, es caballo nuevo (f. 48, 49 y 50).
      Refrán ranchero que significa lo que enuncia. En funciones paremiológicas, cataloga las actitudes juveniles de quien juega y “se revuelca” como signos de juventud. Tiene la forma de una sentencia casuística.

    35. caballo
      caballo rabioso o palpado, ni regalado (f. 48, 49 y 50 y 90).
      Este refrán, proveniente del ámbito ranchero, dice lo que enuncia. No tiene un uso paremiológico más allá de su sentido literal. De hecho, es el resultado de dos refranes ya comentados. A saber, “a caballo palpado, nunca lo montes confiado” y “caballo que rabea, ningún charro lo desea”.

    36. caballo
      caballo revolcado, es un caballo remudado (f. 106).
      Se refiere al hecho de que un caballo que se ha apareado es un caballo renovado. Refrán declarativo cuyos hemistiquios están unidos por rima consonante. Variantes: “el caballo revolcado es caballo remudado” (f. 105); “si quieres remudar, deja a tu caballo revolcar” (f. 48, 49 y 90).

    37. caballo
      caballo sano, orgullo de su amo (f. 105).
      Refrán que dice lo que enuncia. Tiene la forma de una declaración y sus dos hemistiquios están unidos por rima asonante. Adopta el estilo de una locución sapiencial.

    38. caballo
      caballo viejo, no saca clase (f. 49).
      Refrán ranchero de tipo sentencioso que dice lo que enuncia. Paremiológicamente, se usa para descalificar a alguien simplemente por el hecho de ser viejo. Tiene la forma de una sentencia casuística.

    39. caballo
      caballo zahunado, nunca codiciado (f. 49).
      Refrán que indica que un caballo en esas condiciones está defectuoso y, por tanto, no es recomendable. Formalmente es una sentencia casuística con rima consonante entre sus hemistiquios.

    40. caballo
      caballo zarco, no brinca charco (f. 49 y 105).
      Refrán ranchero que dice lo que enuncia. Paremiológicamente se usa sólo en sentido literal. El vocablo “zarco” se usa tanto en el hablar ranchero mexicano como en el español contemporáneo escrito para designar al animal que o tiene un ojo blanco por tener incoloro el iris o que tiene nube en ambos ojos. El refrán dice que un caballo así no brinca charcos, por obvias razones. Tiene la forma de una sentencia casuística en dos hemistiquios pentasílabos aconsonantados.

    41. caballo
      cuando pienses manganear, no ensilles caballo brioso; si ensillas un socarrón, en él lazarás gustoso (f. 49).
      Estrofa de cuatro versos octosílabos, con rima consonante en segundo y cuarto, que aconseja el tipo de caballo que hay que escoger cuando se trata de manganear, como se llama en charrería a la acción de echarle un lazo a un toro o a un caballo para derribarlo. La estrofa dice que eso se hará con mayor facilidad si se escoge un caballo socarrón. Se trata, desde luego, de un texto culto.

    42. caballo
      de los caballos, el que puntee, y de los puercos, el que colee (f. 35, 90 y 116).
      Refrán ranchero que aconseja sentenciosamente qué caballos y qué puercos son preferibles. Prevalece el uso literal sobre el metafórico. Consta de dos hemistiquios con idéntica estructura y rima consonante. Variante: “de los caballos, el que puntea, y de las mulas, la que cunea” (f. 105).

    43. caballo
      el caballo bañado, a la sombra o ensillado (f. 90 y 116).
      Refrán ranchero que aconseja cómo debe estar un caballo recién bañado. Formalmente es una sentencia casuística en dos hemistiquios heptasílabos con rima consonante. Se trata de una locución de tipo culto.

    44. caballo
      el caballo charro, poco crinudo y harto coludo (f. 105).
      Refrán que sentencia lo que enuncia. Prevalece el uso literal sobre el metafórico. Tiene la forma de una receta. Es una locución ranchera. Variantes: “el caballo de silla, poco crinudo y bastante coludo” (f. 90 y 116); “para el caballo de silla, poca crin y mucha cola” (f. 116).

    45. caballo
      el caballo, primero bueno que manso (f. 116).
      Refrán que, mediante una escala de cualidades, define apodícticamente la que ha de prevalecer en la selección de un caballo. No se definen ni la bondad ni la mansedumbre aludidas. Locución culta de uso ranchero.

    46. caballo
      el caballo, primero manso que bueno (f. 90, 106 y 116).
      A la inversa del refrán “el caballo, primero bueno que manso” aquí se aprecia en primer lugar la mansedumbre. Como él, se trata de una locución culta de uso ranchero. Las preferencias de los caballos a partir de una cualidad u otra o a partir de uno u otro color son totalmente arbitrarias y es factible encontrar una sentencia que afirme lo contrario.

    47. caballo
      el caballo sin ronzal, caballo es de colegial (f. 105).
      Refrán que sentencia lo que enuncia. El ronzal es la cuerda o correa que se ata al cuello de una caballería como rienda, para conducirla o atarla con ella. Prevalece el uso literal sobre el metafórico. Tiene la forma de una sentencia. Es una locución culta de uso ranchero.

    48. caballo
      el mejor caballo necesita espuelas (f. 90 y 116).
      Refrán que sentencia apodícticamente lo que enuncia. Metafóricamente, se usa a guisa de justificación en situaciones en que hay que llamar la atención o corregir a alguien a quien socialmente se considera excelente. Combate la convicción o topos popular de que hay algunos que nacieron buenos y, por tanto, no necesitan corrección y hay quienes por haber nacido predispuestos al mal camino requieren de una constante vigilancia o corrección. El refrán asienta que todos, no importa cuál sea su índole, necesitan quién los oriente. Se trata de una locución culta de índole sapiencial.

    49. caballo
      el que al enfrenar un caballo no le arregla el copete, o es sacristán o es alcahuete (f. 49).
      Dicho de charros que significa lo que dice denotando con ello el gran afecto que corre entre un charro y su caballo. Las relaciones de un sacristán con un alcahuete, aunque en la vida real puedan ser muchas, no son evidentes en el oficio de cada quien. Según el Diccionario de Manuel Seco, en una de sus acepciones la palabra “sacristán” significa “persona pícara o astuta” que está muy cerca del “alcahuete”. Formalmente, es una sentencia de tipo casuístico con una prótasis en “el que”, que tiene rima consonante con el segundo hemistiquio, en que se emite la sentencia.

    50. caballo
      en caballo moro, ni pases agua ni esperes toro (f. 48, 49 y 90).
      Refrán que expresa la mala opinión que en ciertos medios rancheros se tiene del caballo moro, como se llama al caballo de color negro o muy oscuro y, como señalamos en otra parte, al caballo de color negro con una estrella blanca en la frente. En concreto, el refrán aconseja que en caballo moro no hay que pasar agua en él ni esperar toro. Hay rima consonante entre el primero y segundo hemistiquios.

    51. caballo
      los caballos tordillos y los tarugos, desde lejos se conocen (f. 106).
      Ni los caballos tordillos ni los tontos pueden disimular lo que son. Se trata de una sentencia constatativa. Se conoce también así: “los tordillos y los pendejos se conocen desde lejos”.

    52. caballo
      monta caballo manso, y todo lo harás a tu antojo (f. 12).
      Refrán que dice lo que enuncia. Refrán ranchero en la tradición de que el caballo que se monte ha de ser manso de la que forma parte también el refrán “no montes caballo brioso, conviene caballo manso” (f. 12). El refrán da a entender tanto que montado sobre el caballo hay muchas cosas qué hacer y, por tanto, que el caballo es un instrumento de trabajo y, en cuanto tal, ha de ser dócil: no perder el tiempo y las energías en domar el brío del caballo. El refrán se usa para sancionar las situaciones de rebeldía de cualquier tipo. El refrán tiene su ambiente vital en el mundo rural: es un refrán ranchero. Tiene la forma de un consejo estructurado en forma de consejo-razón.

    53. caballo
      no compres caballo de muchos fierros, ni te cases con muchacha de muchos novios (f. 116).
      Son varios los refranes del Refranero mexicano que relacionan de alguna manera al caballo con la mujer: “a las mujeres bonitas y a los buenos caballos, los echan a perder los pendejos”; “al caballo, con la rienda; y a la mujer, con la espuela”. También se la compara con los gatos, los perros, las mulas o los asnos. El sentido literal de este refrán es evidente. Rubio lo explica así: “consejo que se da, seguramente, por los defectos que tiene el caballo que ha tenido muchos dueños y lo poco recomendable que es la muchacha que ha tenido sobradas relaciones amorosas”. Se aplica, en general, a situaciones de desconfianza hacia alguien que ha corrido mucho mundo. Caballo y mujer, por lo demás, son asumidos como propiedad del hombre como otras cosas: “caballo, mujer y escopeta, a nadie se le prestan”. El hierro y el noviazgo son para el refranero formas de pertenencia que crean lealtad. El refrán refleja, totalmente, la mentalidad ranchera. Variante: “no compres caballos de muchos fierros, ni te cases con muchacha de muchos novios” (f. 90).

    54. caballo
      nunca se piensa mal del caballo de cuello largo (f. 41).
      Refrán ranchero que sentencia lo que su sentido literal expresa. Como todo lo relacionado con las características físicas secundarias de los caballos, como su color, el color de sus patas o de su cabeza, o la longitud de su cuello, el refranero reproduce tradiciones particulares y, en algunos casos, familiares.

    55. caballo
      para caballo duro, bozal de seda (f. 116).
      Refrán que aconseja en forma de una receta estructurada según el esquema del mal-remedio. El refrán se refiere al caballo duro de boca, o sea rebelde a la rienda. De él aconseja que no hay que castigarle demasiado. Se aplica a situaciones de rebeldía humana: el sentido del refrán entonces es una invitación a la diplomacia. Se trata, por tanto, de una pedagogía. Es refrán cuyo ambiente vital hay que buscarlo en el mundo ranchero.

    56. caballo
      para caballo suave, bozal de seda (f. 105).
      Es la situación contraria pero correspondiente a la del refrán “para caballo duro, bozal de seda” (f. 116): en ambos casos la sentencia es “bozal de seda”. Tiene la forma de una receta estructurada según el esquema del mal-remedio. El refrán se refiere, en este caso, al caballo suave de boca y, por tanto, dócil a la rienda. De él se dice lo mismo que en el caso del caballo rebelde: trato suave. Por tanto, caballo duro o caballo suave, bozal de seda. Se aplica tanto a situaciones de rebeldía como de docilidad para recomendar la pedagogía del buen trato.

    57. caballo
      para el caballo de silla, poca crin y mucha cola (f. 116).
      Refrán consejo que, formulado a manera de una receta, indica cuales, según una tradición ranchera, deben ser algunas de las características del caballo de montar. También circula de esta manera: “el caballo de silla, poco crinudo y bastante coludo” (f. 90 y 116). Su principal uso paremiológico está dado por su sentido literal.

    58. caballo
      quiero caballo que me lleve, no mula que me derribe (f. 105).
      Dice lo que enuncia. Indica el aprecio y buena opinión que se tiene del caballo y, al contrario, la mala opinión que hay en el Refranero mexicano sobre las mulas.

    59. caballo:
      a caballo dado no se le mira el colmillo. refr. Si algo no cuesta nada (si se nos obsequia) se puede aceptar aunque tenga algún defecto [DRAE 1967: a caballo regalado no hay que mirarle el diente]. || arriba ya del caballo hay que aguantar los reparos. loc. Si uno ya empezó algo debe soportar las dificultades que se presenten. || pararle a alguien el caballo. loc. Contenerlo, moderarlo [DRAE: parar el carro].

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