Noticias

    José María Muriá, nuevo miembro correspondiente en Guadalajara

    José María Muriá, nuevo miembro correspondiente en Guadalajara
    Lunes, 13 de agosto de 2018. - Noticias de: Noticias

    Durante el pleno del 28 de junio pasado, se llevó a cabo la elección del reconocido historiador don José María Muriá como miembro correspondiente en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Los académicos doña Ascensión Hernández Triviño, don Javier Garciadiego y don Eduardo Matos Moctezuma fueron quienes hicieron la propuesta. Con esta elección, la presencia de la corporación se fortalecerá en esa región del país.

    Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido

    Siete poemas para esta semana. Selección de Felipe Garrido
    Domingo, 12 de agosto de 2018. - Noticias de: Felipe Garrido

    Un poema al día, para que quienes puedan se lo pongan encima y lo atesoren en la memoria.

    Lunes

    Apocalipsis

    No creo en el Apocalipsis, pero ya casi no veo pájaros. Se habrán hecho ceniza. No creo en el Apocalipsis, pero la Tierra terminará de mala manera: crecerá el Sol moribundo hasta alcanzarla. Hipertrofiado, más luminoso que nunca, devorará uno a uno los planetas. Quizá se adelantó y está pasando. Hace tanto calor que se evaporan los edificios, las paredes terminan hechas aire. Se volatilizan las palabras, duran poco las sílabas. Vivimos el mal gris, la media muerte. Mi abuela con la suya hizo lo mismo, la regaló a la flama y se volvió cenizas. Duró poco su corazón, su sangre roja. Se evaporaron sus ojos. Lo que toca el fuego pronto se convierte.
    De pequeña me gustaba atravesar la flama de una vela con el dedo. No me dolía. Mi abuela me encontró y ordenó que la apagara. Pero al final le dio su cuerpo. Al final todos quedarán hechos polvo. Se expandirá el Sol embravecido, nos lamerá con sus mil lenguas. Cuando llegue a la Tierra, nosotros estaremos muertos. Pero no importa. Nuestro planeta no podrá huir: su órbita es demasiado constante. Estará atado a su cercanía. Así acabó mi abuela a mis espaldas: en un cuarto de acero y luego era de polvo. Caeremos en el cuerpo furioso del Sol, se acabarán los miércoles, seremos sólo una forma de consumirnos. Como siempre. Me asomo por la ventana, el Sol se desdibuja. Vivo el color rojo. Entonces no habrá colores, sólo luz.

    Elisa Díaz Castelo (1986)
    Principia
    Premio Nacional Alonso Vidal 2016
    Instituto Municipal de Cultura y Arte, Hermosillo, Son.
    Programa Editorial Tierra Adentro, México, 2018

    Martes

    De “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”

    A mi querida amiga Encarnación López Julvez

    1. La cogida y la muerte

    A las cinco de la tarde.
    Eran las cinco en punto de la tarde.
    Un niño trajo la blanca sábana
    a las cinco de la tarde.
    Una espuerta de cal ya prevenida
    a las cinco de la tarde.
    Lo demás era muerte y sólo muerte
    a las cinco de la tarde.
    El viento se llevó los algodones
    a las cinco de la tarde.
    Y el óxido sembró cristal y níquel
    a las cinco de la tarde.
    Ya luchan la paloma y el leopardo
    a las cinco de la tarde.
    Y un muslo con un asta desolada
    a las cinco de la tarde.
    Comenzaron los sones del bordón
    a las cinco de la tarde.
    Las campanas de arsénico y el humo
    a las cinco de la tarde.
    En las esquinas grupos de silencio
    a las cinco de la tarde.
    ¡Y el toro solo corazón arriba!
    a las cinco de la tarde.
    Cuando el sudor de nieve fue llegando
    a las cinco de la tarde,
    cuando la plaza se cubrió de yodo
    a las cinco de la tarde,
    la muerte puso huevos en la herida
    a las cinco de la tarde.
    A las cinco de la tarde.
    A las cinco en punto de la tarde.
    Un ataúd con ruedas es la cama
    a las cinco de la tarde.
    Huesos y flautas suenan en su oído
    a las cinco de la tarde.
    El toro ya mugía por su frente
    a las cinco de la tarde.
    El cuarto se irisaba de agonía
    a las cinco de la tarde.
    A lo lejos ya viene la gangrena
    a las cinco de la tarde.
    Trompa de lirio por las verdes ingles
    a las cinco de la tarde.
    Las heridas quemaban como soles
    a las cinco de la tarde,
    y el gentío rompía las ventanas
    a las cinco de la tarde.
    A las cinco de la tarde.
    ¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
    ¡Eran las cinco en todos los relojes!
    ¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

    Federico García Lorca (1898-1936)
    Obras completas
    Aguilar, Madrid, 1960

    Miércoles

    Contraola

    Todos los sueños han sido míos,
    únicamente y por tu culpa míos.
    Por eso ahora persigo
    tan sólo una gardenia,
    una piedra,
    una ola,
    que son los únicos fragmentos
    de realidad que necesito,
    para propagar tu imagen y extenderla
    hasta el final del tiempo
    sobre toda la tierra.

    Carmen Alardín (1933-2014)
    Entreacto
    Editorial Katún, México, 1982

    Jueves

    El exprimidor de naranjas dejó de funcionar.
    Eso pasa.
    Las cosas sin importancia
    buscan su turno, se dan su importancia
    así, no sirviendo,
    dejándonos incompletos, ausentándose en
    [el justo momento.
    Y a mí
    Todo lo que es ausencia, ausentarse,
    Me rompe los vidrios. Ejerce una poderosa detonación
    casi como el que se tira al piso al escuchar un bombardeo,
    [una balacera.
    Lo mismo hizo el sacacorchos.
    No estuvo. Tal vez nunca compré uno.
    Y el rallador, y el abrelatas
    que nunca pensó hacerme tanta falta
    me hizo salir al centro comercial
    a buscarlo. Como una esposa cuando se enoja
    y hay que ir por ella a casa de los suegros, o a buscarla
    [con la vecina.
    No sé por qué me afectan tanto las cosas
    que dejan de funcionar, que se ausentan.
    A veces he pensado en comprar dos cosas de lo mismo.
    Pero no sé si yo pueda
    en lo futuro
    con dos ausencias.

    A. E. Quintero (1969)
    Cuenta regresiva
    Premio Bellas Artes de
    Poesía Aguascalientes 2011
    Era, ICA, INBA, Conaculta,
    México, 2011

    Viernes

    Ella es el umbral
    su mirada fija vértigos.
            Detrás de sus labios hay una voz
    que nadie escucha.
            Por sus párpados se esconde
    el secreto de algunas noches.
            Muerto,
    deambulo por su rostro,
    me levanto para llevarle serenata,
    le escribo en el pecho una canción
    para ayudarla a bien dormir,
    cierro sus párpados
    y dejo caer un beso sobre ellos
    para que vea por donde anda
    mientras sueña.
            Ella es la luz anhelada del insomnio
    pasajera sombra hermana de mis noches.
            Duerme, hermosa, duerme,
    que estaré despierto
    hasta que el sol te tome de la mano.

    Carlos Reyes Ávila (1976)
    Claridad en sombra
    Premio Nacional de
    Poesía Tijuana 2003
    XVII Ayuntamiento de Tijuana
    Instituto Municipal de Arte y Cultura

    Sábado

    Las mujeres de Bagdad,
    hambrientas
    comparten el pan con sus hijos.
    Vacías
    caminan por la calle de la mano de un muerto.
    Con los destellos de la ciudad caída
    esculpen palacios en la mirada de sus niños.
    Más de mil noches llorarán sin apagar el fuego
    más de mil noches sus hijos despertarán sacudidos
    [por el miedo
    y un día la muerte caerá madura, más estruendosa
    [que las bombas.
    Fue inútil esconderlos en palacios de humo,
    su nombre siempre estuvo entre los muertos.

    María Luisa Iglesias
    Atardacer del séptimo día
    Instituto Cultural del
    Estado de Durango
    Durango, 2005

    Domingo

    De “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”

    A mi querida amiga Encarnación López Julvez

    2. La sangre derramada

    ¡Que no quiero verla!
    Dile a la luna que venga,
    que no quiero ver la sangre
    de Ignacio sobre la arena.
    ¡Que no quiero verla!
    La luna de par en par.
    Caballo de nubes quietas,
    y la plaza gris del sueño
    con sauces en las barreras.
    ¡Que no quiero verla!
    Que mi recuerdo se quema.
    ¡Avisad a los jazmines
    con su blancura pequeña!
    ¡Que no quiero verla!
    La vaca del viejo mundo
    pasaba su triste lengua
    sobre un hocico de sangres
    derramadas en la arena,
    y los toros de Guisando,
    casi muerte y casi piedra,
    mugieron como dos siglos
    hartos de pisar la tierra.
    No.
    ¡Que no quiero verla!

    Por las gradas sube Ignacio
    con toda su muerte a cuestas.
    Buscaba el amanecer
    y el amanecer no era.
    Busca su perfil seguro,
    y el sueño lo desorienta.
    Buscaba su hermoso cuerpo
    y encontró su sangre abierta.
    ¡No me digáis que la vea!
    No quiero sentir el chorro
    cada vez con menos fuerza;
    ese chorro que ilumina
    los tendidos y se vuelca
    sobre la pana y el cuero
    de muchedumbre sedienta.
    ¡Quién me grita que me asome!
    ¡No me digáis que la vea!

    No se cerraron sus ojos
    cuando vio los cuernos cerca,
    pero las madres terribles
    levantaron la cabeza.
    Y a través de las ganaderías,
    hubo un aire de voces secretas
    que gritaban a toros celestes,
    mayorales de pálida niebla.
    No hubo príncipe en Sevilla
    que comparársele pueda,
    ni espada como su espada
    ni corazón tan de veras.
    Como un río de leones
    su maravillosa fuerza,
    y como un torso de mármol
    su dibujada prudencia.
    Aire de Roma andaluza
    le doraba la cabeza
    donde su risa era un nardo
    de sal y de inteligencia.
    ¡Qué gran torero en la plaza!
    ¡Qué gran serrano en la sierra!
    ¡Qué blando con las espigas!
    ¡Qué duro con las espuelas!
    ¡Qué tierno con el rocío!
    ¡Qué deslumbrante en la feria!
    ¡Qué tremendo con las últimas
    banderillas de tiniebla!

    Pero ya duerme sin fin.
    Ya los musgos y la hierba
    abren con dedos seguros
    la flor de su calavera.
    Y su sangre ya viene cantando;
    cantando por marismas y praderas,
    resbalando por cuernos ateridos,
    vacilando sin alma por la niebla,
    tropezando con miles de pezuñas
    como una larga, oscura, triste lengua,
    para formar un charco de agonía
    junto al Guadalquivir de las estrellas.

    ¡Oh blanco muro de España!
    ¡Oh negro toro de pena!
    ¡Oh sangre dura de Ignacio!
    ¡Oh ruiseñor de sus venas!
    No.
    ¡Que no quiero verla!
    Que no hay cáliz que la contenga,
    que no hay golondrinas que se la beban,
    no hay escarcha de luz que la enfríe,
    no hay canto ni diluvio de azucenas,
    no hay cristal que la cubra de plata.
    No.
    ¡¡Yo no quiero verla!!

    Federico García Lorca (1898-1936)
    Obras completas
    Aguilar, Madrid, 1960

    La Orquesta Sinfónica de Yucatán abrirá su ciclo de conciertos con Carlos Prieto

    La Orquesta Sinfónica de Yucatán abrirá su ciclo de conciertos con Carlos Prieto
    Martes, 07 de agosto de 2018. - Noticias de: Carlos Prieto

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